Categoría: Zeitgeist


Estos últimos días, hablando con diferentes personas, he escuchado el mismo comentario:

- Quería que las fotografías tuvieran un precio algo más que simbólico para que lo apreciaran – dijo uno.
- La electricidad debería ser más cara para que las personas la apreciaran más – dijo otro.

En nuestra sociedad, construida sobre los valores que nosotros mismos aceptamos y transmitimos de generación en generación, las cosas, materiales o inmateriales, establecen su valía en función de su precio. No importa si el esfuerzo de ponerlas a disposición de los demás equivale al esfuerzo que estos deben realizar para pagarlas, tampoco tenemos en cuenta que el dinero no tiene el mismo valor para todo el mundo. No importa. Simplificamos: pagar equivale a merecer. Por lo tanto si no pagas no lo mereces o cuando menos no lo aprecias.

Sin embargo las cosas más importantes de nuestra vida no tienen precio. El amor que damos y recibimos. Las personas que nos rodean y con las que nos relacionamos. Los gestos, lo abrazos y los besos. En ocasiones se nos olvida cuánto significan aunque todos estemos de acuerdo en que no se les puede poner precio, es más, de alguna forma pagar por ellas las degrada ya que su verdadero valor es sencillamente incalculable.

Aquellos que defienden el valor a través de la cuantía de un pago en metálico se me antojan una especie de mártires, no creo que seguir su camino nos lleve a buen puerto.

Personalmente me da igual si la electricidad es gratis o no, procuro no despilfarrarla y mis actos cotidianos lo reflejan. Lo mismo hago con el agua y con otros recursos. No siempre fue así y aún me queda mucho por mejorar, vivo inmerso en un proceso de transformación y la clave del cambio es la educación, la asimilación de valores que nos hacen ser conscientes del nivel de integración, de la verdadera responsabilidad que implica estar vivo, existir.

Y mientras pensaba en todo esto, casualidad, he disfrutado de las palabras de alguien que dedicó su vida a reflexionar sobre estas cuestiones y de quien tenemos mucho que aprender:

Tu libertad termina donde empieza la mía; las leyes comienzan donde termina la educación.

Descubro entusiasmado esta exposición sobre la obra de Fuller (la visitaré en breve), lo que me lleva a revisar su biografía en la wiki, de ahí al Black Mountain College a penas un paso. A John Deway dos:

Aunque se le conoce mejor por sus escritos sobre educación, Dewey también escribió influyentes tratados sobre arte, la lógica, ética y la democracia, en donde su postura se basaba en que sólo se podría alcanzar la plena democracia a través de la educación y la sociedad civil. En este sentido, abogaba por una opinión pública plenamente informada mediante la comunicación efectiva entre ciudadanos, expertos y políticos, con éstos últimos siendo plenamente responsables ante la ciudadanía por las políticas adoptadas.

Comentario extraído de la Wikipedia.

Podría ser una cita más de la muchas enumeradas en las dos películas de Zeitgeist.

El movimiento estudiantil que suscitó Fuller en su día se habría convertido en una verdadera catarsis mundial de haber contado con los medios de propagación actuales, pongamos un vídeo de Mr. Fuller, uno de los pioneros del desarrollo personal:

Enlace directo a Yotube
¿Tienen algún compromiso a la vista y necesitan una idea para un regalo?

De propina rescato del olvido este excelente vídeo publicitario en el que podemos ver, entre otros genios, a uno de los visionarios de esta entrada:

“A modo de revaluar todo el sistema legislativo y electoral la Primer Ministro reconoció y apoya a una asamblea auto-constituida de ciudadanos que busca definir las pautas para elaborar una nueva constitución islandesa.”

Visto aquí (artículo esencial para entender la magnitud del fenómeno islandés).

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