Espero que me entiendan, enlazo y c&p:
Hola a todos (de nuevo),
he pegado un vistazo por los temas candentes del foro y veo mucha actividad y preocupación sobre detalles relativos a la prevención de la corrupción en el partido, compatibilizar el anonimato y la transparencia, los tiempos que puede estar un representante ostentando un cargo… etc.
Puede que alguien ya haya dicho lo que voy a decir ahora ya que no he leído tooooodo lo que se ha puesto en los últimos meses, de ser así, mis excusas por repetir y si no es así sólo os pido un momento de vuestra atención y un breve ejercicio de imaginación…
Las herramientas de las que se sirve el PdI permiten optimizar y mejorar las soluciones empleadas hasta la fecha en materia de organización político-social. Esto quiere decir que realmente no estamos aportando nada nuevo en esencia sino *simplemente* optimizando lo existente: mayor frecuencia de voto, mayor feedback en la red, mayor transparencia… etc.
De la correcta aplicación de esas normas pueden derivarse la solución a muchos de esos detalles sobre los que he visto que tanto se debate, por lo que veo las soluciones o medidas que se proponen no contemplan que de la nueva forma de organización lleva implícita la solución siempre y cuando se aproveche al 100% su potencial.
El PdI debería, opino, terminar funcionando como una red social en la que cada indivíduo puede elegir a su representante de forma dinámica y constante, imaginemos que tenemos un panel de control de afiliado al partido en el que las cuestiones a votar se dividen en temáticas y subtemáticas (algo hacia lo que ya apunta la aplicación AGORA, estupenda v1.0 por cierto), ahora imaginemos que tenemos la opción de delegar o votar, pública o privadamente (la privacidad, insisto como ya hice en un post anterior, debería ser una elección individual) sobre una cuestión determinada.
Sería algo así como un híbrido entre la aplicación Ágora, Facebook y un motor de foro con la opción de “karma”: cada usuario debería ser capaz, en un par de clics, de apoyar una propuesta, ver quién la ha lanzado, qué apoyo tiene en la red… etc.
El “karma” como reflejo del apoyo o reconocimiento con que cuenta cada usuario también podría reflejar su nivel de eficiencia y esto ES MUY IMPORTANTE: lo que estamos planteando aquí, en el PdI, va mucho más allá de una simple evolución política, es el germen de una nueva forma de organización, el mayor problema que tenemos actualmente es la falta de evaluación de resultados, a menudo entre la toma de una decisión y la observación de los resultados media tanto tiempo que si el resultado es un fiasco no hay forma de que esto tenga una consecuencia rápida y directa sobre quién gestionó o propuso la idea. El concepto actual de representante a sueldo de un partido tiene la misma cabida en el PdI que el concepto de negocio que tiene la SGAE en la nueva sociedad de la información. Sencillamente no pueden coexistir porque son incompatibles por definición. En el modelo de partido orgánico que opino debería ser el PdI los representantes en los que se puede delegar el voto y obtener la representación son todos y ninguno. ¿Cómo puede ser esto?
Aquí tenemos dos realidades que hay que conciliar: la realidad emergente de la red social donde todo esto que comento es perfectamente viable y la realidad trasnochada de un hemiciclo físico que requiere que alguien se persone para apretar un botón y también entablar un contacto físico en calidad de gestor sobre todos los proyectos que se encuentren en marcha en el gobierno.
En la realidad de la red emergente todo usuario se gana día a día su reputación con la calidad de sus propuestas (calidad = redacción, exposición, documentación aportada… etc. estos deben ser requisitos impuestos por la arquitectura de la red para poder lanzar una propuesta, no vale teclear una frase y colgarla en el “muro” en 5 segundos), todos los usuarios valoran cada propuesta antes Y DESPUÉS (debe establecerse una revisión automática de los resultados obtenidos por las propuestas en relación a los objetivos por estos fijados: tiempos de ejecución, presupuesto, calidad del resultado final… etc.).
Dentro de esa realidad virtual se puede establecer un sistema de remuneración dinámico basado en la calidad y cantidad de propuestas realizadas, ya que cada uno es responsable de explicar, analizar y transmitir una propuesta podría fijarse una recompensa económica para cada propuesta que se lleva a término, bonus adicionales para aquellas que con el tiempo demuestren ser acertadas o estar bien ejecutadas. Probablemente la frontera entre la propuesta que alcanza la remuneración económica y la que no debería estar entre aquellas que se llevan al hemiciclo y las que no. De estar forma todo el que proponga y logre cierto apoyo gana “karma” pero sólo si alcanza la meta obtiene dinero.
Este sistema incentiva la participación, el secreto de su éxito (como en cualquier sistema de incentivos de cualquier empresa) es dar con la “ecualización” adecuada, la clave está en obtener una relación sensata entre tiempo invertido / dinero obtenido. Habrá quienes tengan un “karma” moderado y pocos o ningún ingreso pero tendrán la satisfacción de ser representantes de pequeños grupos de usuarios en determinadas cuestiones y su inversión de tiempo no será mayor de la que dedicamos a cualquiera de las webs que un internauta visita a diario, los que decidan invertir un poco más de esfuerzo pueden encontrarse con un complemento salarial que siempre es de agradecer y quizás esto les anime a escalar un poco más. Por otro lado estarán los usuarios “de a pié” que salvo en cuestiones que les afecten mucho probablemente voten o deleguen guiándose por los indicadores de “karma” / eficiencia.
/* Apunte informático A nivel de arquitectura conceptual de dicho sistema lo concibo como una estructura en la que de cada usuario cuelgan hilos (propuestas) que pueden ser más o menos largos (línea de tiempo que depende de si se aprueban o no, del nivel de debate que generen… etc.) y más o menos gruesos (nivel de apoyo). Apunte: aquí tengo la cabeza en las redes neuronales. Si hablamos de bases de datos estaríamos hablando, inevitablemente, de una sistema NO relacional.
/* Fin del apunte
La elección de los representantes en la realidad física debería pasar por el mismo sistema si bien en un primer momento la votación no podrá basarse en sus logros (la primera vez en la Historia que alguien del PdI vaya a ocupar un asiento en un hemiciclo) una vez transcurridos los meses la red social interna del PdI comenzará a mostrar una jerarquía basada en la eficiencia y la reputación por lo que si en algún momento un representante físico se ve sobrepasado por un representante virtual lo lógico es que sea inmediatamente reemplazado por quien consideramos lo está haciendo mejor.
Lógicamente hay que establecer unos promedios temporales para no estar cambiando a las personas cada dos por tres, podríamos hablar de medias de reputación semestrales o anuales. Esta dinámica es una de las mayores vacunas contra la corrupción ya que los representantes están sometido al escrutinio constante de la red del partido y si se desvían verán caer su “karma” siendo reemplazados por quienes la red (todos nosotros) consideramos más apto.
Por otro lado y en materia de transparencia creo que los representantes físicos deberían contar con dietas pero no con un sueldo, el sueldo, recordemos, en este modelo vendría definido por la calidad y eficacia de sus propuestas, después de todo si está en la cúspide es porque se lo ha ganado en la red social y cuenta en su haber con muchas y muy acertadas propuestas. Se trataría definir un cuadro de bonificación, si por lo que sea cae de la cúspide no se queda sin nada, no ha dejado un empleo (supongamos) para verse defenestrado a los 6 meses por que alguien lo está haciendo un poco mejor que él, al contrario, seguirá esforzándose desde su segundo o tercer puesto porque, al igual que todos en la red social del PdI, cobra en función de su aportación a la red.
En realidad es una sistema de distribución del dinero parecido a lo que hacen los nuevos modelos de negocio en el tema cultural: jamendo.com, Spotify o Flattr por citar algunas. Cada uno cobra según lo que aporta y el reconocimiento obtenido.
Para organizar todo esto hay mil aplicaciones que pueden usarse como inspiración sino directamente: GoogleDocs (una lugar donde los representantes físicos pueden volcar sus cuentas mensualmente y compartirlas con el grupo), sistemas de micro-pagos para que los usuarios puedan cobrar el fruto de sus esfuerzos… etc.
Las SGAE/ RIAA y demás organizaciones existen como una solución imperfecta fruto de su tiempo pero su tiempo ya pasó, hoy en día sí puede medirse y calibrarse a nivel individual lo que hace cada uno y ese es el modelo que debemos adoptar si realmente queremos aportar algo nuevo y mejor.
Un abrazo para todos.