Category: Opinión


Merecer

merecer.

(Del lat. vulg. *merescĕre).

1. tr. Dicho de una persona: Hacerse digna de premio o de castigo.

Son nuestras acciones las que configuran el destino; el destino no es un ente mágico y ajeno a nosotros, nosotros somos nuestro destino y por obvia que sea la extensión: somos el destino de los demás.

Permítanme reasfaltar esta idea desmontando una frase hecha profundamente malentendida: “el tiempo pone a cada cual en su lugar”.

El tiempo tampoco es un ente ajeno, el tiempo no viene, te coge de la mano y te dice “siéntate aquí, donde te mereces”; el tiempo es el destino, el tiempo somos nosotros. Lo que se esconde detrás de esa afirmación, fingida escenificación de la higiene mental, no es sino un acto de postergación, cobarde delegación de la responsabilidad que tenemos para con nosotros mismos en un difuso futuro que inevitablemente le corresponderá acometer a otro. Mal karma eso de pasarle el marrón a los hijos. Hacerles a ellos merecedores de un castigo fruto de nuestra cobardía a la hora de afrontar nuestros miedos más esenciales. Eso tan subconsciente y habitual de proyectar sobre los futuros nuestra propia imagen, nuestras luces y nuestras sombras. Meter la mierda debajo de la alfombra de este planeta.

Es muy frecuente encontrar a personas que actúan como si fueran merecedoras de un castigo, rehuyen el conflicto y evitan la restauración de su dignidad camuflando su sentimiento de culpa bajo capas de pretendida dignidad. Si has sentido vértigo leyendo esto último es que vas por buen camino, sigue hurgando en la herida hasta expulsar la purulenta infección que te subyuga. Si no has sentido nada, una de dos: o has alcanzado este nivel (incompatible con la vida actual en ciertas zonas del planeta) o es que ni siquiera sabes donde tienes enterrada la fosa séptica.

Este mecanismo responde a una lógica de autodefensa primordial: es más sencillo inculparnos antes que reconocer nuestra inocencia, aunque sólo sea parcial: no somos culpables de todo lo que nos ha pasado en esta vida.

En algunos casos estas situaciones se dan en el ámbito de la estricta intimidad que pueda existir entre dos indivíduos pero en otros pertenecen a un ámbito común. La diferencia sutil. No es una cuestión unipersonal, si es que puede existir algo así. En ocasiones la vida nos pone en situaciones fruto de una corriente social que nos afecta a todos por igual. Y es precisamente en esas situaciones donde la responsabilidad es aún mayor: no lo merecíamos y estamos en nuestro derecho de hacérnoslo saber, de hacérselo saber y aprender a ejercitar la merecida y agridulce catársis que supone reconocer que el único motivo por el que tan a menudo tragamos es por puro miedo. Miedo que cimenta nuestras inseguridades más íntimas.

Dejarlo aparcado por el camino para que se tropiecen las generaciones venideras no es una opción.

En realidad no hay nada en esta última distinción que sólo nos afecte a ti y a mí. No debería generar una diferencia de magnitud en cuanto a la responsabilidad que tenemos para con nosotros mismos o los demás. Cada paso cuenta. Aunque esa, es otra historia…

No vivimos en una sociedad especialmente compasiva así que hace falta hacer acopio de valor y entereza para reconocer haber actuado mal ante una agresión, haber sucumbido al miedo y devolverle al otro lo que  por derecho le pertenece: su miedo, su incomprensión y su total falta de empatía.

Todos juntos construímos este mundo y cada uno debe lidiar y hacerse cargo de los problemas que genera a los demás.

Es un camino duro y en ocasiones solitario: nuestro movimiento siempre será relativo a la inmovilidad de algunos y ese distanciamiento se percibe de forma instantánea. ¿Quién se aleja? ¿A dónde vas? ¿Dónde estoy? ¿Por qué sencillamente no te estás quieto y lo dejas correr? Sigamos como estamos. Eres joven. Algún día lo entenderás. Lo entiendo ya, lo entiendo hoy: el Universo tiende a un estado de máximo desorden y mínima energía y salvo que alguien tenga un bono-bus interdimensional creo que seguimos viviendo en este Universo, atados a sus normas a un nivel subatómico.

No estamos donde estamos por casualidad así que un poco de gratitud y de responsabilidad: obras son amores y no buenas intenciones.

De nuevo pero por motivos diferentes, el Doctor Paul Weston te lo va a volver explicar en menos de 4 minutos, esta vez con subtítulos en castellano (si no salen los subtítulos míralo en YouTube y haz clic en “CC” para activarlos):

Espero que me entiendan, enlazo y c&p:

Hola a todos (de nuevo),
he pegado un vistazo por los temas candentes del foro y veo mucha actividad y preocupación sobre detalles relativos a la prevención de la corrupción en el partido, compatibilizar el anonimato y la transparencia, los tiempos que puede estar un representante ostentando un cargo… etc.
Puede que alguien ya haya dicho lo que voy a decir ahora ya que no he leído tooooodo lo que se ha puesto en los últimos meses, de ser así, mis excusas por repetir y si no es así sólo os pido un momento de vuestra atención y un breve ejercicio de imaginación…
Las herramientas de las que se sirve el PdI permiten optimizar y mejorar las soluciones empleadas hasta la fecha en materia de organización político-social. Esto quiere decir que realmente no estamos aportando nada nuevo en esencia sino *simplemente* optimizando lo existente: mayor frecuencia de voto, mayor feedback en la red, mayor transparencia… etc.
De la correcta aplicación de esas normas pueden derivarse la solución a muchos de esos detalles sobre los que he visto que tanto se debate, por lo que veo las soluciones o medidas que se proponen no contemplan que de la nueva forma de organización lleva implícita la solución siempre y cuando se aproveche al 100% su potencial.
El PdI debería, opino, terminar funcionando como una red social en la que cada indivíduo puede elegir a su representante de forma dinámica y constante, imaginemos que tenemos un panel de control de afiliado al partido en el que las cuestiones a votar se dividen en temáticas y subtemáticas (algo hacia lo que ya apunta la aplicación AGORA, estupenda v1.0 por cierto), ahora imaginemos que tenemos la opción de delegar o votar, pública o privadamente (la privacidad, insisto como ya hice en un post anterior, debería ser una elección individual) sobre una cuestión determinada.
Sería algo así como un híbrido entre la aplicación Ágora, Facebook y un motor de foro con la opción de “karma”: cada usuario debería ser capaz, en un par de clics, de apoyar una propuesta, ver quién la ha lanzado, qué apoyo tiene en la red… etc.
El “karma” como reflejo del apoyo o reconocimiento con que cuenta cada usuario también podría reflejar su nivel de eficiencia y esto ES MUY IMPORTANTE: lo que estamos planteando aquí, en el PdI, va mucho más allá de una simple evolución política, es el germen de una nueva forma de organización, el mayor problema que tenemos actualmente es la falta de evaluación de resultados, a menudo entre la toma de una decisión y la observación de los resultados media tanto tiempo que si el resultado es un fiasco no hay forma de que esto tenga una consecuencia rápida y directa sobre quién gestionó o propuso la idea. El concepto actual de representante a sueldo de un partido tiene la misma cabida en el PdI que el concepto de negocio que tiene la SGAE en la nueva sociedad de la información. Sencillamente no pueden coexistir porque son incompatibles por definición. En el modelo de partido orgánico que opino debería ser el PdI los representantes en los que se puede delegar el voto y obtener la representación son todos y ninguno. ¿Cómo puede ser esto?
Aquí tenemos dos realidades que hay que conciliar: la realidad emergente de la red social donde todo esto que comento es perfectamente viable y la realidad trasnochada de un hemiciclo físico que requiere que alguien se persone para apretar un botón y también entablar un contacto físico en calidad de gestor sobre todos los proyectos que se encuentren en marcha en el gobierno.
En la realidad de la red emergente todo usuario se gana día a día su reputación con la calidad de sus propuestas (calidad = redacción, exposición, documentación aportada… etc. estos deben ser requisitos impuestos por la arquitectura de la red para poder lanzar una propuesta, no vale teclear una frase y colgarla en el “muro” en 5 segundos), todos los usuarios valoran cada propuesta antes Y DESPUÉS (debe establecerse una revisión automática de los resultados obtenidos por las propuestas en relación a los objetivos por estos fijados: tiempos de ejecución, presupuesto, calidad del resultado final… etc.).
Dentro de esa realidad virtual se puede establecer un sistema de remuneración dinámico basado en la calidad y cantidad de propuestas realizadas, ya que cada uno es responsable de explicar, analizar y transmitir una propuesta podría fijarse una recompensa económica para cada propuesta que se lleva a término, bonus adicionales para aquellas que con el tiempo demuestren ser acertadas o estar bien ejecutadas. Probablemente la frontera entre la propuesta que alcanza la remuneración económica y la que no debería estar entre aquellas que se llevan al hemiciclo y las que no. De estar forma todo el que proponga y logre cierto apoyo gana “karma” pero sólo si alcanza la meta obtiene dinero.
Este sistema incentiva la participación, el secreto de su éxito (como en cualquier sistema de incentivos de cualquier empresa) es dar con la “ecualización” adecuada, la clave está en obtener una relación sensata entre tiempo invertido / dinero obtenido. Habrá quienes tengan un “karma” moderado y pocos o ningún ingreso pero tendrán la satisfacción de ser representantes de pequeños grupos de usuarios en determinadas cuestiones y su inversión de tiempo no será mayor de la que dedicamos a cualquiera de las webs que un internauta visita a diario, los que decidan invertir un poco más de esfuerzo pueden encontrarse con un complemento salarial que siempre es de agradecer y quizás esto les anime a escalar un poco más. Por otro lado estarán los usuarios “de a pié” que salvo en cuestiones que les afecten mucho probablemente voten o deleguen guiándose por los indicadores de “karma” / eficiencia.
/* Apunte informático A nivel de arquitectura conceptual de dicho sistema lo concibo como una estructura en la que de cada usuario cuelgan hilos (propuestas) que pueden ser más o menos largos (línea de tiempo que depende de si se aprueban o no, del nivel de debate que generen… etc.) y más o menos gruesos (nivel de apoyo). Apunte: aquí tengo la cabeza en las redes neuronales. Si hablamos de bases de datos estaríamos hablando, inevitablemente, de una sistema NO relacional.
/* Fin del apunte ;)
La elección de los representantes en la realidad física debería pasar por el mismo sistema si bien en un primer momento la votación no podrá basarse en sus logros (la primera vez en la Historia que alguien del PdI vaya a ocupar un asiento en un hemiciclo) una vez transcurridos los meses la red social interna del PdI comenzará a mostrar una jerarquía basada en la eficiencia y la reputación por lo que si en algún momento un representante físico se ve sobrepasado por un representante virtual lo lógico es que sea inmediatamente reemplazado por quien consideramos lo está haciendo mejor.
Lógicamente hay que establecer unos promedios temporales para no estar cambiando a las personas cada dos por tres, podríamos hablar de medias de reputación semestrales o anuales. Esta dinámica es una de las mayores vacunas contra la corrupción ya que los representantes están sometido al escrutinio constante de la red del partido y si se desvían verán caer su “karma” siendo reemplazados por quienes la red (todos nosotros) consideramos más apto.
Por otro lado y en materia de transparencia creo que los representantes físicos deberían contar con dietas pero no con un sueldo, el sueldo, recordemos, en este modelo vendría definido por la calidad y eficacia de sus propuestas, después de todo si está en la cúspide es porque se lo ha ganado en la red social y cuenta en su haber con muchas y muy acertadas propuestas. Se trataría definir un cuadro de bonificación, si por lo que sea cae de la cúspide no se queda sin nada, no ha dejado un empleo (supongamos) para verse defenestrado a los 6 meses por que alguien lo está haciendo un poco mejor que él, al contrario, seguirá esforzándose desde su segundo o tercer puesto porque, al igual que todos en la red social del PdI, cobra en función de su aportación a la red.
En realidad es una sistema de distribución del dinero parecido a lo que hacen los nuevos modelos de negocio en el tema cultural: jamendo.com, Spotify o Flattr por citar algunas. Cada uno cobra según lo que aporta y el reconocimiento obtenido.
Para organizar todo esto hay mil aplicaciones que pueden usarse como inspiración sino directamente: GoogleDocs (una lugar donde los representantes físicos pueden volcar sus cuentas mensualmente y compartirlas con el grupo), sistemas de micro-pagos para que los usuarios puedan cobrar el fruto de sus esfuerzos… etc.
Las SGAE/ RIAA y demás organizaciones existen como una solución imperfecta fruto de su tiempo pero su tiempo ya pasó, hoy en día sí puede medirse y calibrarse a nivel individual lo que hace cada uno y ese es el modelo que debemos adoptar si realmente queremos aportar algo nuevo y mejor.
Un abrazo para todos.

Almudena ya me decepcionó hace tiempo con su apología del salvajismo. Ahora reincide demostrando que no sólo le importan un pito los animales, tampoco le importa mucho más el prójimo. En realidad, ambas son la misma cosa; pretender que conciba esa realidad sobrepasa varias veces su nivel de conciencia, a los hechos me remito.

Dando por válida la máxima aquella de “el mal es estúpido por definición” esta señora que aparentaba tener dos dedos de frente no es más que una desordenada colección de conocimientos, nada en el medio. Una yahoo de tomo y lomo.

Su percepción de la convivencia se basa en mirarse el ombligo y que nadie la distraiga: los fumadores nos hemos convertido en un factor de alarma social, capaz de absorber la ira y la frustración de quienes han hallado en nosotros el único límite de su tolerancia.

No señora mía, los fumadores que obligan a los no fumadores a tragarse la basura que exhalan son sólo un elemento de una larga lista de incongruencias que los seres racionales debemos enfrentar de una vez por todas, hay muchas otras y algunas las cita en su artículo, hemos empezado por esta porque sin duda era la que estaba más a mano dados los mil y un condicionantes sociales con los que debemos contemporizar, pero no se preocupe: sabemos del resto de maldades en la lista y vamos a por ellas.

Almudena, los no fumadores somos muy democráticos y liberales, de hecho, fíjese qué cosas, nos gusta conservar el derecho a elegir como queremos envenenarnos y no que nos venga impuesto. Le animo a que intercambie opiniones con su compañero Sancho Gracia que tiene las ideas más claras, será porque no tiene las neuronas chapoteando en nicotina.

Tu libertad termina donde empieza la mía ¿recuerdas?

40 millones de idiotas

Cuando en una tertulia se saca el tema de AFINSA siempre hay alguien que presume de honrado por haberse conformado con el 3% que le ofrecía su Caja en lugar de invertir en estampitas. Lo dicen como si las Cajas de este país fuera el último bastión de la honradez, como si los billetes del Banco Central Europeo fueran algo más que estampitas, como si siguiera existiendo el patrón oro y como si la imperiosa y literal necesidad de imprimir dinero para cubrir la inflación y pagar los intereses no fueran otra cosa que un fabuloso sistema piramidal.

Si alguno de ustedes quiere invertir en oro pero no quisiera tener la responsabilidad y el riesgo de guardarlo en su casa habrá de fiarse de un banco (¿orgullosos también de nuestra escasa confianza en nuestros vecinos?), confiar en la supervisión de la CNMV y confiar en que el banco no arriesga más de lo que debe prestando dinero a quienes no puedan devolverlo… porque… ¿y si no pudiera recuperar su inversión porque esos mecanismos fallan y todo el mundo se lavara las manos? Nos quejamos de que el estado inyecte dinero al sistema bancario (en forma de préstamo, que todavía hay alguno por ahí que piensa que se lo están regalando, no se lo pueden regalar porque el Estado, por definición, ya les pertenece) pero al mismo tiempo todos sabemos lo que no queremos: no queremos ir al cajero y vernos la cara reflejada en un pozo negro y sin fondo. ¿O no?.

El arte de mezclar las churras con las merinas es tan hispánico como el sentimiento de la envidia, decía Garci. Me queda claro al leer el artículo de opinión “40 millones de adolescentes” de Ana Segovia Fernández para El País, en el momento de escribir estas líneas más de 800 personas lo han apoyado en Facebook y 1.177 votos le dan 4,5 / 5.

Ana Segovia mete en el mismo saco la legítima protesta contra aquellos que se quejan de vicio reclamando que papá estado cargue con las consecuencias de sus temerarias decisiones: hiper-hipotecados, afectados por la inundaciones… y un largo y también muy celtíbero decálogo que todos conocemos, todos tiene cabida dentro de su desinformada parrafada.

En algunos casos concretos se puede estar de acuerdo pero la generalización es peligrosa hasta el extremo.

El comercio y la vida en sociedad tienen algo esencial en común: ambas se basan en la confianza.

El español precavido ejecuta mil operaciones antes de dar un gran paso en su vida, por ejemplo: si va a comprar un casa independiente, un chalet para entendernos, se cuida bien de informarse de todos los planes de expansión, no se vaya a encontrar con un puesto de peaje o un parque público en su salón cuando todavía no ha terminado la mudanza.

El que a estas alturas tengamos que andar con mil ojos no me parece nada digno de admirar, no es un argumento que legitime a los miserables e invalide el derecho a reclamar ante un ente que somos todos y al que supuestamente contribuimos para protegernos ante estas situaciones.

Sin duda el bocado más amargo en la ensalada que organiza Ana Segovia es el incluir el caso AFINSA como ejemplo de quejicas sin derecho al pataleo, según ella. Es precipitado porque en primer lugar el proceso judicial sigue en marcha; vergonzoso por síntoma de hablar sin saber.

En este país de 40 millones de adolescentes solo unos cuantos miles tenían sus ahorros en AFINSA, el resto parecen proclives a pensar lo que de momento ha contestado el Supremo: “es una empresa privada, se siente”. Tal y cómo reza la sentencia parece que “privado” fuera sinónimo de “oculto” o “fuera del radar”, una insinuación que pretende salvaguardar el trasero de más de un pez gordo por si alguien no entiende el juego.

AFINSA nunca ocultó su existencia (patrocinó durante años a un equipo ACB y se anunciaba en diferentes medios), tampoco ocultó su forma de generar riqueza ni ofrecía sus servicios en oscuros callejones, sus oficinas a pie de calle estuvieron abiertas al público durante más de 20 años y lo que encontrabas al cruzar su umbral era transparencia y certificados de auditorías así como avales firmados por los grandes bancos que todos conocemos.

¿Sabías Ana que AFINSA estaba bajo la supervisión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores desde hacía más de dos décadas? ¿Sabías que la denuncia de “sistema piramidal” que se interpuso el día de su intervención constituye precisamente el tipo de delito que la CNMV debe detectar en sus constantes auditorías a las empresas que supervisa? ¿Cómo explicar entonces tantos años de actividad sin levantar ninguna sospecha? ¿Sabías Ana que, además, los bancos y consultorías financieras más importantes de este país también avalaban y auditaban a AFINSA?

Puede ser que Ana Segovia no entienda la definición de AVAL o que no sepa jugar a unir los puntos, puede ser que torticeros intereses políticos animen su teclado y puede ser que forme parte de esos 40 millones de idiotas a los que tanto critica.