Por establecer una analogía la “política 2.0″ que viene de la mano de “eso” llamado Open Government va a revolucionar el “negocio” de la política igual que ha ocurrido con las industrias de contenidos o el software propietario.
La noción que tenemos hoy de político mutará en la de gestor en permanente supervisión y renovación dentro de un contexto de red social hibridada con un ERP nacional de gestión, participativo, meritocrático y absolutamente transparente a todos los niveles (diplomático y financiero especialmente).
El “político” (de hoy) no va tener que dialogar con nadie en el futuro porque sencillamente no existirá.
(…) La idea de Gobierno Abierto no es nueva, de hecho es tan vieja como la propia democracia y subyace a la mayoría de las constituciones y leyes fundamentales de los estados occi- dentales modernos, y consecuentemente, los estados se han dotado de un amplio andamiaje jurídico que ofrece espacios de consulta y participación a un amplio abanico de interme- diarios sociales, fundamentales a la hora de dotar a las leyes de apoyo social y profundidad democrática, o al menos de su apariencia. Pero es solo ahora, con el avance tecnológico que ha propiciado la llamada web 2.0 o web social y la extensión de internet como red global, cuando puede comenzar a po- nerse en práctica de forma masiva y con unos costes asumi- bles para los estados. (…)
Extraído de la introducción de Gobierno Abierto, un libro con licencia creative commons descubierto gracias a un comentario en el grupo de Facebook dedicado a la “Reunión de Partidos pro Democracia Participativa”.
No he avanzado mucho en su lectura en el momento de publicar esta breve reseña pero hasta ahora podría considerarse un texto imprescindible en castellano sobre esa cosa llamada Open Government.
En entregas anteriores de esta recién inaugurada sección dedicada a la investigación del magnicidio más famoso de la Historia reciente hemos hablado de dos informes:
1964 Informe de la Comisión Warren: sus conclusiones son que Oswald, en solitario, efectúo los tres disparos mortales en menos de 6 segundos a un blanco móvil con un rifle barato con la mira mal calibrada.
El alcance popular de este informe es enorme y mayoritario, aún hoy en día: hablar de “la bala mágica” o sugerir que Oswald no pudo hacerlo sólo es colgarte la etiqueta de “conspiracionita” ante muchas personas amantes de los juicios rápidos y devotas de las (primeras) versiones oficiales.
1979 Informe HSCA: esta revisión fue llevada a cabo casi en secreto mediante la creación de un comité de revisión de la investigación que se dedicó no sólo al caso JFK sino también al asesinato de Martin Luther King. En ambos casos la comisión encontró indicios claros de una conspiración, tachó de inadecuada la investigación llevada a cabo por la comisión Warren y recomendo revisar todo el caso. Este informe no afirma que la conspiración apunte al gobierno pero si elimina a todos los demás posibles actores, como ya comentamos: sutil diplomacia interna.
El informe HSCA no tuvo la repercusión ni el alcance cultural del informe Warren. Como se suele decir la primera impresión es la que cuenta. En EE.UU. muchos ciudadanos siguen desestimando la idea de que existió una conspiración ignorando completamente que sus creencias se basan en un informe criticado posteriormente por su propio gobierno. Si esa es la realidad dentro de los EE.UU. no podemos esperar que más allá de sus imaginarias fronteras seamos más osados. Con frecuencia veo críticas a los yankees acusándoles de ignorantes pero no se puede decir que los demás tengamos mucha más curiosidad o interés por temas tan primordiales para todos como la justicia.
El tercer informe es mucho más reciente, promovido en parte por el revuelo causado por la película de Oliver Stone, la película estimuló hasta tal punto el interés de los ciudadanos en el caso que las peticiones de acceder a los registros relacionados desbordaron todas las previsiones.
El gobierno lo interpretó, acertadamente, como una crisis de confianza del pueblo en sus representantes y en un intento de restaurarla publicó el Acta de Colección de Registros del Presidente JFK (44 U.S.C. 2107). El acta permitió la creación de un nuevo comité de revisión con mayores poderes de acceso a documentos clasificados. Sus resultados se presentaron al Presidente Clinton en 1998, lamentablemente no generó una gran repercusión pública.
Es importante entender que este tercer informe no fue impulsado por la presión popular sino por el temor gubernamental de que el segundo informe no había bastado para restaurar la dañada confianza del pueblo en su gobierno. Para lograrlo optaron por crear no un comité de investigación sino una “Mesa de revisión de los registros del asesinato de JFK” que finalmente no llega a “conclusiones” sino “recomendaciones” a partir de las cuales cada uno pueda hacerse su composición de lugar.
Puede que pensaran que si la formula de imponer una versión por la fuerza no funcionó y generó desconfianza la forma de recuperarla sería confiar primero en el pueblo y esperar que éste devolviera el guante. En cierto modo este reconocimiento, aunque parcial, representa la toma de conciencia gubernamental de la madurez de sus ciudadanos, o quizás de ambos ya que en realidad, no lo olvidemos nunca, el gobierno son los ciudadanos.
(…) inevitablemente está la gran cuestión de cómo el trabajo de la Mesa de Revisión puede aplicarse a las política de registros federales. No hay duda que durante décadas el péndulo ha oscilado claramente en torno al secretismo lejos de la apertura (…)
(…) La Mesa de Revisión representa el deseo del gran público coincidente con el final de la Guerra Fría por alejarse de una política de secretos (…)
(…) Los esfuerzos llevados a cabo por la Mesa de Revisión han revelado las dificultades para la obtención de archivos que puede ayudar al debate sobre la desclasificación de informes (…)
(…) La Mesa de Revisión fue creada al margen de la frustración del gran público debido a la ocultación por parte del gobierno de información importante sobre el caso JFK. El desacuerdo general con las deducciones de la Comisión Warren, las explosivas afirmaciones de la película JFK y el deterioro de la confianza del pueblo en el Gobierno llevaron al consenso general de que era hora de abrir los archivos. (…)
(…) El trabajo de la Mesa de Revisión no es investigar nuevamente el asesinato sino liberar tantos documentos altamente clasificados como sea posible. Los legisladores comentaron que los esfuerzos de esta Mesa “permanecerán como símbolo y barómetro de la confianza del pueblo en la revisión y liberación de registros oficiales relativos al caso” (…)
(…) Restablecer la confianza del pueblo es una tarea difícil bajo cualquier circunstancia (…)
Llegados a este punto nos queda claro que la mayor motivación era frenar las grietas en ese dique de contención que es la confianza del pueblo en las instituciones de gobierno. Si se produce el colapso de dicha confianza pasamos de una sociedad civilizada a una Guerra Civil, que sea más o menos encubierta es irrelevante: dejaría de ser una sociedad y el caos y la barbarie serían las únicas leyes reinantes.
A continuación mi párrafo preferido:
(…) Hubieron, por supuesto, sustanciales desacuerdos entre la Mesa de Revisión y las agencias gubernamentales, pero el curso de la relación fue dirigido hacia un creciente y mútuo entendimiento así como una clara mejora de las comunicaciones. La Mesa fue recompensada viendo como revisores de agencias y “Tomadores de decisiones” iban tomando conciencia de la oportunidad de crear registros más completos a partir del ingente trabajo que muchas agencias llevaron a cabo en relación con el asesinato gracias a la liberación responsable de información. Muchos parecieron obtener una mejor apreciación del tremendo coste del secretismo, tanto en términos de confianza pública como del mantenimiento de dicho secretismo. (…)
El resto de las recomendaciones podría resumirse como: debemos desclasificar y poner la información a disposición del público con mayor rapidez y diligencia.
Llevando ese ideal hasta su extremos la utopía hacia la que orientarse sería eliminar los secretos.
Too Many Secrets. La guerra por la información es una batalla perdida de antemano. Tomar o no conciencia de este hecho es la piedra angular, el punto de palanca sobre el que pivotan todos los acontecimientos que nos han llevado hasta el presente; el cruce de caminos ante el que nos encontramos.
Nuestra vida cotidiana se rige por la inducida creencia popular de que necesitamos vivir en un mundo de barreras, cerraduras y contraseñas. Creemos que necesitamos de dichas medidas de seguridad porque tenemos miedo y desconfianza los unos de los otros. División y conflicto, la separación que nos aleja de la unidad que representa el acuerdo y la armonía.
La sociedad basada en la responsabilidad y la razón tendrá futuro, la fé ciega sólo puede llevarnos contra un muro.
La existencia del concepto “secreto de estado” rebaja a los ciudadanos a la categoría de niños incapaces de tomas las riendas de su vida, es una mera presunción llevada a cabo por personas de carne y hueso que dependen del resto tanto como los demás.
Por lo tanto el gasto en servicios secretos, entendiendo gasto como nuestra decisión de invertir energía en una cuestión concreta, se opone totalmente al gasto en educación librepensante.
No pueden coexistir ambos presupuestos porque a la larga terminan por generar conflicto social que es exactamente lo que tenemos hoy en día: conflicto fruto de un aumento de la desconfianza en el estado que no es sino una proyección enajenada de nuestras figuras de autoridad, todo gracias a nuestra permisividad. Hemos permitido que personas temerosas e ignorante promuevan leyes inadaptadas a la evolución social en lugar de contribuir a difundir la cultura elemental: la del respeto.
Cuando la separación entre ley, educación y realidad se hacen tan evidentes las personas tendemos sencilla y llanamente a ignorar la Ley; romántica rebeldía que no es más que la negación del problema ya que para vivir en un utópico estado sin Ley necesitamos una sólida educación de la que hoy por hoy carecemos.
¿Y qué hacer? Hay varios frentes que pueden abordarse simultáneamente:
Educar: desviar presupuesto militar y de inteligencia a educación, creando programas internacionales que fomenten los valores esenciales de la vida en comunidad. Para lograrlo hay que pasar del expolio sin futuro a la creación de riqueza cultural que permita ser autosuficientes a un nivel lo más local posible, de esta forma obtendremos una red social resistente a los imponderables de la Naturaleza. Este paso llevará décadas ya que hay grandes masas sociales con creencias enquistadas que impiden este salto evolutivo, no hay que atacar dichas creencias sino simplemente mostrar un modelo de entendimiento común que no interfiera frontalmente con ellas.
Renovar el sistema de gobierno: al mismo tiempo y de forma paralela construir un modelo de gobierno orientado a la gestión de recursos, el funcionamiento de dicho modelo debe ser absolutamente trasparente y lo más sencillo posible de tal forma que no queden resquicios para el abuso de poder con fines individuales o sectarios. Por establecer un símil: si estuviéramos hablando de erradicar la suciedad de una cocina de madera. ¿Cuál sería la mejor opción? ¿Limpiar con mayor ahínco o sustituirla por una cocina de acero industrial que puede limpiarse con una manguera?
Estos movimiento están luchando por emerger desde hacer mucho tiempo, son aves atrapadas en un lodazal de petróleo, no nacerán puras y libres de corrupción porque emergen de un estado social contaminado pero con un poco de esfuerzo puede que sucesivas generaciones tengan niveles inferiores de intoxicación.
Todo es paulatino, requiere tiempo y el cambio nunca se produce por casualidad, nace de la toma de conciencia que es exactamente el paso en el que nos encontramos en estas últimas y apasionantes décadas de la todavía adolescente Humanidad.