“Las conspiraciones existen pero sólo las que nosotros te digamos.”
Ese podría ser el resumen de el informe emitido por la influyente Demos.
(…) This alone is insufficient because some conspiracies have turned out to be true. Our institutions and governments have deceived the population to advance hidden and unstated interests. Well known examples include Operation Northwoods in 1963, where US Joint Chiefs of Staff discussed (but never implemented) manufacturing a Communist Cuban terror campaign in Miami as a casus belli,44 and the CIA involvement in a coup d’etat against the democratically elected Chilean leader Salvador Allende in 1973.45 More recently, at
the time of writing, an investigation has revealed that the UK government, the police and the Catholic Church conspired to keep a priest’s involvement in the Claudy bombings secret. (…).
Lo que traductor de Google mediante (perdón por la pereza pero creo que el resultado es suficientemente bueno):
(…) Esto por sí solo es insuficiente porque algunas conspiraciones han resultado ser verdad. Nuestras instituciones y los gobiernos han engañado a la población para hacer avanzar los intereses ocultos y no declarados. Bien conocidos son ejemplos de la Operación Northwoods en 1963, donde EE.UU. Estado Mayor Conjunto de debate (pero nunca se implementó) la fabricación de una campaña de terror comunista cubano en Miami como un casus belli, de 44 años y la participación de la CIA en un golpe de Estado contra el democráticamente electo de Chile líder de Salvador Allende en 1973,45 Más recientemente, en el momento de escribir, una investigación ha revelado que el gobierno del Reino Unido, la policía y la Iglesia Católica conspiró para mantener la participación de un sacerdote en los atentados de Claudy secreto. (…)
Demos es un think tank, según la definición de la wikipedia sobre este grupo en concreto :
(…) Demos fue concebido como una red de redes que podrían reunir las diferentes fuentes de ideas y conocimientos para mejorar las políticas públicas (…)
Es decir: no sólo es que nuestra elección política es una pura ilusión bidimensional, un genuino Barça-Madrid para que me entiendan los futboleros, no sólo es que el partido resultante tendrá que bregar y satisfacer los intereses del gran capital sin que se le acuse, al menos a tiempo, de violar la ley (para lo que mucho optan directamente por cambiar la propia ley haciendo un traje a medida de quienes les sobornan) sino que si por algún motivo un político honrado consigue alcanzar el poder, antes de pegarle un tiro (que hoy en día ya no está tan bien visto, eso se lo reservan para los periodistas) tendrá un ejército, una “red de redes”, susurrándole al oído qué debe pensar.
Hoy más que nunca es imposible esperar que nos dirija un político honrado porque sencillamente el capital ha orientado todas sus armas para evitar que esto ocurra.
¿De dónde nace la lucha? De la toma de conciencia que estamos viviendo fruto de la misma tecnología con la que pretenden adormilarnos.
El mundo ha cambiado tan rápido en 10 años gracias a la atomización instantánea de la comunicación que las antiguas reglas de la manipulación de la opinión pública ya no son tan eficaces, el manual del buen desinformador no es tan eficaz como antes y el reciclaje de los desinformadores de antaño exije una formación y una visión refractarias con el ideal de un mundo unido.
La información es poder, o era porque ahora que todos tenemos acceso a ella haciendo más difícil servirse de ese diferencial para tomarle el pelo al prójimo.
Igual que las empresas más arcaicas del sector de la propiedad intelectual y las comunicaciones no terminan de entenderlo y hacen sugerencias de lo más estrambóticas; los propios políticos no terminan de asimilar que su feudo está condenado a exintiguirse (o eso o nos extinguiremos todos bajo la batuta de esta panda de ignorantes al servicio del dinero).
Esta actitud de aferrarse a una convicción incluso cuando las dudas son más que razonables responde al mismo mecanismo que la adhesión a creencias o tradiciones: confundimos nuestra identidad con nuestros recuerdos y nuestros pasado. Si de joven fuiste un idealista del corte ideológico “x” al crecer sólo te plantearás dos opciones y ambas radicalizarán tu postura: o seguir siendo de “x” o pasarte al bando “y” renegando de tu pasado (normalmente alegando un encaprichamiento absurdo de juventud).
Este mecanismo mental es el mismo que nos hace sentirnos amenazados cuando alguien cambia de status a nuestro alrededor (un matrimonio, un divorcio, el nacimiento de un hijo, un fallecimiento, un ascenso, un despido…) son eventos que evidencian nuestra efímera existencia y nos empujan instintivamente a aferrarnos con más fuerza si cabe a la convicción original.
La última evolución de esa reacción son iniciativas formales y oficiales de infiltrar a modeladores de opinión en los foros y webs donde se fomenten teorías conspiranoicas.
El pánico ha ido trepando de los foros a las cúpulas de poder y era de esperar una respuesta.
¿Qué es una teoría de la conspiración? ¿Qué es un conspiracionita? ¿Existe una cierta propensión a etiquetar a aquel que duda de una versión oficial (“con lo incómodo que eso me hace sentir” pensarán algunos)?
Es digno de analizar como el reciente caso de la Gripe A se ha movido de la conspiración a la duda más que razonable en cuestión de meses. Al principio todo el mundo se reía de la monja de marras, después se sumaron médicos, surgieron webs, incluso los medios convencionales terminaron por retratar la evidencia hasta el punto de que más de uno no se vacuno por desconfianza y como finalmente no se produjeron las vacunaciones en masa ni tampoco se cumplieron las cifras de mortalidad vaticinadas quedo claramente expuesto que las predicciones de la OMS eran “extremadamente desacertadas“.
Hoy quedan pocos que llamen conspiracionita a quien dudó de la OMS en cuanto a la Gripe A.
Esto no quiere decir que todas las teorías conspirativas sean ciertas, las hay francamente descabellados, pero sí demuestra como la opinión pública bascula de un extremo a otro, adheriéndose a una u otra postura sin pararse a pensar.
El razonamiento inicial de Teresa Forcades estaba documentado y la duda era científicamente razonable sin embargo no constituyeron per se argumentos de peso suficiente, no fue hasta que se alcanzó un cierto volumen en el debate, hasta que este comenzara a politizarse (los partidos en oposición vieron un arma arrojadiza ante la receptiva opinión pública) y no fue hasta que dicho debate político alcanzó a los grandes medios ante los que se rinde la razón en pro de la publicidad que todos aceptamos lo que los anglosajones llaman “ver el elefante en la habitación”.
Con muchos otros debates públicos se produce un cocktail similar: ansias políticas enturbian el debate científico, la masa decide en función de los colores y no de la razón para finalmente ofrecer un resultado conveniente que no es lo mismo que razonado. Para muestra véanse los comentarios-debate en casa de Rinze. (Sr. Lobo es un servidor).
El otro día en Documentos TV vi el final de lo que debió ser un excelente documental, en los minutos finales reflexionaban sobre que el hombre pisara la luna 3 años antes de la invención de las ruedas para las maletas. El orador se preguntaba el porqué de este desorden evolutivo y lo ampliaba a otras cuestiones pendientes absolutamente prioritarias pero que permanecen en segundo plano. El narrador finalmente concluía algo así: “la ciencia es la clave para evolucionar a un vida mejor y plena, sin embargo cuando los intereses comerciales se interponen podemos tener un serio problema“.
Y lo dicho, sigan metiendo el dedo en la llaga.
