Leonardo DiCaprio producirá y protagonizará “Legacy of Secrecy”, basado en el libro de 2008 de Lamar Waldron y Thom Hartmann, que retoma el asesinato del presidente Kennedy. De acuerdo con la publicista del actor, DiCaprio interpretará Jack Van Laningham, un informante del FBI que se hizo amigo de Carlos Marcello, el capo de la mafia del sur que el libro afirma que confesó su participación en el asesinato de 1963 de John F. Kennedy. Warner Bros., que lanzó JFK de Oliver Stone en 1991, desea estrenar “Legacy of Secret” en 2013, en el 50 º aniversario de la muerte de JFK.
En entregas anteriores de esta recién inaugurada sección dedicada a la investigación del magnicidio más famoso de la Historia reciente hemos hablado de dos informes:
1964 Informe de la Comisión Warren: sus conclusiones son que Oswald, en solitario, efectúo los tres disparos mortales en menos de 6 segundos a un blanco móvil con un rifle barato con la mira mal calibrada.
El alcance popular de este informe es enorme y mayoritario, aún hoy en día: hablar de “la bala mágica” o sugerir que Oswald no pudo hacerlo sólo es colgarte la etiqueta de “conspiracionita” ante muchas personas amantes de los juicios rápidos y devotas de las (primeras) versiones oficiales.
1979 Informe HSCA: esta revisión fue llevada a cabo casi en secreto mediante la creación de un comité de revisión de la investigación que se dedicó no sólo al caso JFK sino también al asesinato de Martin Luther King. En ambos casos la comisión encontró indicios claros de una conspiración, tachó de inadecuada la investigación llevada a cabo por la comisión Warren y recomendo revisar todo el caso. Este informe no afirma que la conspiración apunte al gobierno pero si elimina a todos los demás posibles actores, como ya comentamos: sutil diplomacia interna.
El informe HSCA no tuvo la repercusión ni el alcance cultural del informe Warren. Como se suele decir la primera impresión es la que cuenta. En EE.UU. muchos ciudadanos siguen desestimando la idea de que existió una conspiración ignorando completamente que sus creencias se basan en un informe criticado posteriormente por su propio gobierno. Si esa es la realidad dentro de los EE.UU. no podemos esperar que más allá de sus imaginarias fronteras seamos más osados. Con frecuencia veo críticas a los yankees acusándoles de ignorantes pero no se puede decir que los demás tengamos mucha más curiosidad o interés por temas tan primordiales para todos como la justicia.
El tercer informe es mucho más reciente, promovido en parte por el revuelo causado por la película de Oliver Stone, la película estimuló hasta tal punto el interés de los ciudadanos en el caso que las peticiones de acceder a los registros relacionados desbordaron todas las previsiones.
El gobierno lo interpretó, acertadamente, como una crisis de confianza del pueblo en sus representantes y en un intento de restaurarla publicó el Acta de Colección de Registros del Presidente JFK (44 U.S.C. 2107). El acta permitió la creación de un nuevo comité de revisión con mayores poderes de acceso a documentos clasificados. Sus resultados se presentaron al Presidente Clinton en 1998, lamentablemente no generó una gran repercusión pública.
Es importante entender que este tercer informe no fue impulsado por la presión popular sino por el temor gubernamental de que el segundo informe no había bastado para restaurar la dañada confianza del pueblo en su gobierno. Para lograrlo optaron por crear no un comité de investigación sino una “Mesa de revisión de los registros del asesinato de JFK” que finalmente no llega a “conclusiones” sino “recomendaciones” a partir de las cuales cada uno pueda hacerse su composición de lugar.
Puede que pensaran que si la formula de imponer una versión por la fuerza no funcionó y generó desconfianza la forma de recuperarla sería confiar primero en el pueblo y esperar que éste devolviera el guante. En cierto modo este reconocimiento, aunque parcial, representa la toma de conciencia gubernamental de la madurez de sus ciudadanos, o quizás de ambos ya que en realidad, no lo olvidemos nunca, el gobierno son los ciudadanos.
(…) inevitablemente está la gran cuestión de cómo el trabajo de la Mesa de Revisión puede aplicarse a las política de registros federales. No hay duda que durante décadas el péndulo ha oscilado claramente en torno al secretismo lejos de la apertura (…)
(…) La Mesa de Revisión representa el deseo del gran público coincidente con el final de la Guerra Fría por alejarse de una política de secretos (…)
(…) Los esfuerzos llevados a cabo por la Mesa de Revisión han revelado las dificultades para la obtención de archivos que puede ayudar al debate sobre la desclasificación de informes (…)
(…) La Mesa de Revisión fue creada al margen de la frustración del gran público debido a la ocultación por parte del gobierno de información importante sobre el caso JFK. El desacuerdo general con las deducciones de la Comisión Warren, las explosivas afirmaciones de la película JFK y el deterioro de la confianza del pueblo en el Gobierno llevaron al consenso general de que era hora de abrir los archivos. (…)
(…) El trabajo de la Mesa de Revisión no es investigar nuevamente el asesinato sino liberar tantos documentos altamente clasificados como sea posible. Los legisladores comentaron que los esfuerzos de esta Mesa “permanecerán como símbolo y barómetro de la confianza del pueblo en la revisión y liberación de registros oficiales relativos al caso” (…)
(…) Restablecer la confianza del pueblo es una tarea difícil bajo cualquier circunstancia (…)
Llegados a este punto nos queda claro que la mayor motivación era frenar las grietas en ese dique de contención que es la confianza del pueblo en las instituciones de gobierno. Si se produce el colapso de dicha confianza pasamos de una sociedad civilizada a una Guerra Civil, que sea más o menos encubierta es irrelevante: dejaría de ser una sociedad y el caos y la barbarie serían las únicas leyes reinantes.
A continuación mi párrafo preferido:
(…) Hubieron, por supuesto, sustanciales desacuerdos entre la Mesa de Revisión y las agencias gubernamentales, pero el curso de la relación fue dirigido hacia un creciente y mútuo entendimiento así como una clara mejora de las comunicaciones. La Mesa fue recompensada viendo como revisores de agencias y “Tomadores de decisiones” iban tomando conciencia de la oportunidad de crear registros más completos a partir del ingente trabajo que muchas agencias llevaron a cabo en relación con el asesinato gracias a la liberación responsable de información. Muchos parecieron obtener una mejor apreciación del tremendo coste del secretismo, tanto en términos de confianza pública como del mantenimiento de dicho secretismo. (…)
El resto de las recomendaciones podría resumirse como: debemos desclasificar y poner la información a disposición del público con mayor rapidez y diligencia.
Llevando ese ideal hasta su extremos la utopía hacia la que orientarse sería eliminar los secretos.
Too Many Secrets. La guerra por la información es una batalla perdida de antemano. Tomar o no conciencia de este hecho es la piedra angular, el punto de palanca sobre el que pivotan todos los acontecimientos que nos han llevado hasta el presente; el cruce de caminos ante el que nos encontramos.
Nuestra vida cotidiana se rige por la inducida creencia popular de que necesitamos vivir en un mundo de barreras, cerraduras y contraseñas. Creemos que necesitamos de dichas medidas de seguridad porque tenemos miedo y desconfianza los unos de los otros. División y conflicto, la separación que nos aleja de la unidad que representa el acuerdo y la armonía.
La sociedad basada en la responsabilidad y la razón tendrá futuro, la fé ciega sólo puede llevarnos contra un muro.
La existencia del concepto “secreto de estado” rebaja a los ciudadanos a la categoría de niños incapaces de tomas las riendas de su vida, es una mera presunción llevada a cabo por personas de carne y hueso que dependen del resto tanto como los demás.
Por lo tanto el gasto en servicios secretos, entendiendo gasto como nuestra decisión de invertir energía en una cuestión concreta, se opone totalmente al gasto en educación librepensante.
No pueden coexistir ambos presupuestos porque a la larga terminan por generar conflicto social que es exactamente lo que tenemos hoy en día: conflicto fruto de un aumento de la desconfianza en el estado que no es sino una proyección enajenada de nuestras figuras de autoridad, todo gracias a nuestra permisividad. Hemos permitido que personas temerosas e ignorante promuevan leyes inadaptadas a la evolución social en lugar de contribuir a difundir la cultura elemental: la del respeto.
Cuando la separación entre ley, educación y realidad se hacen tan evidentes las personas tendemos sencilla y llanamente a ignorar la Ley; romántica rebeldía que no es más que la negación del problema ya que para vivir en un utópico estado sin Ley necesitamos una sólida educación de la que hoy por hoy carecemos.
¿Y qué hacer? Hay varios frentes que pueden abordarse simultáneamente:
Educar: desviar presupuesto militar y de inteligencia a educación, creando programas internacionales que fomenten los valores esenciales de la vida en comunidad. Para lograrlo hay que pasar del expolio sin futuro a la creación de riqueza cultural que permita ser autosuficientes a un nivel lo más local posible, de esta forma obtendremos una red social resistente a los imponderables de la Naturaleza. Este paso llevará décadas ya que hay grandes masas sociales con creencias enquistadas que impiden este salto evolutivo, no hay que atacar dichas creencias sino simplemente mostrar un modelo de entendimiento común que no interfiera frontalmente con ellas.
Renovar el sistema de gobierno: al mismo tiempo y de forma paralela construir un modelo de gobierno orientado a la gestión de recursos, el funcionamiento de dicho modelo debe ser absolutamente trasparente y lo más sencillo posible de tal forma que no queden resquicios para el abuso de poder con fines individuales o sectarios. Por establecer un símil: si estuviéramos hablando de erradicar la suciedad de una cocina de madera. ¿Cuál sería la mejor opción? ¿Limpiar con mayor ahínco o sustituirla por una cocina de acero industrial que puede limpiarse con una manguera?
Estos movimiento están luchando por emerger desde hacer mucho tiempo, son aves atrapadas en un lodazal de petróleo, no nacerán puras y libres de corrupción porque emergen de un estado social contaminado pero con un poco de esfuerzo puede que sucesivas generaciones tengan niveles inferiores de intoxicación.
Todo es paulatino, requiere tiempo y el cambio nunca se produce por casualidad, nace de la toma de conciencia que es exactamente el paso en el que nos encontramos en estas últimas y apasionantes décadas de la todavía adolescente Humanidad.
Estos son algunos de los acontecimientos que tuvieron lugar décadas después del asesinato más famoso y polémico de todos los tiempos. Algunos de los hipervínculos más significativos llevarán al lector a los documentos oficiales alojados en servidores gubernamentales o a una ayuda a la hora de verificar la información por ellos mismos.
El juicio promovido por el fiscal de Nueva Orleans Jim Garrison tenía por objetivo demostrar la existencia de un enlace entre Clay Shaw, la CIA y Lee Harvey Oswald.
La relación entre Lee Harvey Oswald y Clay Shaw se apoyaba en testimonios que bien eran poco fiables por ser considerados sus emisores deshechos de la sociedad o bien porque aquellos que habrían podido ser testigos de calidad habían pasado a mejor vida muy oportunamente.
El veredicto del jurado absolvió a Clay Shaw, a pesar de ello Jim Garrison consiguió parte de su objetivo: reforzar la duda razonable y pre-existente de la existencia de una conspiración para cepillarse a JFK.
La batalla de Garrison por demostrar que Oswald estaba relacionado con la CIA no se apoyaba sólo en la conexión con Clay Shaw, también tenía otro vínculo que demostrar con el reconocido agente de la CIA David Atlee Phillips, la conexión la establece inicialmente quien, años más tarde (1995), se declararía responsable del asesinato de JFK: James Sutton (se cambió el nombre a James Files en 1963). Sutton dijo que Phillips era el supervisor de Oswald y que además le dió en mano el rifle que supuestamente empleó en el atentado (en contra de los registros postales que afirmaban que Oswald lo compró por correo), Sutton también afirmaba pertenecer a la CIA pero nunca se encontraron registros de dicha actividad en los archivos de la CIA, de la OSS (organización precusora de la CIA) o del ejército. John C. Grady, historiador oficial de las secciones del ejército donde Sutton dijo haber servido, afirmó en 1995 y tras 18 meses de búsqueda haber dado con los registros de Sutton buscando en un ordenador del ejército para consulta de bases de datos, sin embargo al volver a comprobarlo posteriormente el registró había desaparecido. He buscado registros oficiales sobre John C. Grady o su declaración pero no he logrado dar con ellos.
La declaración de Sutton perdió el peso que tendría de haberse podido demostrar dicho vínculo con el Gobierno. Phillips negó su relación con Oswald y obviamente con el asesinato de JFK, sin embargo el también reconocido agente de la CIA E. Howard Hunt, implicado en el escándalo del Watergate, declaró poco antes de morir (2007) que todo fue obra de el Gobierno y que Phillips estuvo implicado en el asesinato de Kennedy. Estas declaraciones tampoco han promovido ninguna acción legal.
Lo más alucinante de todo esto es que una persona que estuvo presente en Dallas ese día y que se vio implicada en el juicio de Garrison declare 30 años más tarde ser el asesino del presidente y nadie dentro del aparato de Justicia le preste atención. James Files nunca fue tomado en serio, ni siquiera por el propio Garrison aunque es cierto que tampoco vivió lo suficiente (murió en 1992) para ver cómo el FBI publicaba la declaración oficial de Files auto-inculpándose, al menos sí pudo ver la película de Stone.
¿No es sorprendente que en un mundo en el que decir la palabra “bomba” en el contexto equivocado puede llevarte a desaparecer en el nuevo y flamante dispositivo legal anti-terrorista y que al mismo tiempo alguien relacionado íntimamente con la escena del crimen pueda decir “yo maté a Kennedy” y todo el mundo siga “con lo suyo“?
Hay quien acusa a Oliver Stone de ensalzar a un fiscal que se dedicó a promover una peligrosa mentira que ha socavado la confianza de los americanos en su gobierno, Oliver Stone contestó a estas acusaciones diciendo que Garrison impulsó el proceso al ver la fuerza que estaba tomando el rumor entre el pueblo y no al revés. La cronología de los hechos parece apoyar esa respuesta: Garrison aceptó el veredicto de la Comisión Warren y durante los tres años posteriores se dedicó a su trabajo sin dedicar tiempo al caso JFK. Por otro lado no debemos olvidar que es un poco ingénuo acusar a Garrison de agitador cuando la propia constitución americana contiene artículos que definen al patriota como aquel que defiende su nación incluso de su propio gobierno. Por lo visto quién la redactó conocía bien a sus compatriotas.
Después de que Garrison perdiera el caso pero lograra una cierta victoria entre la opinión pública se produjeron un par de hechos relevantes. Después de revisar un poco los archivos de la justicia de Lousiana he dado con un escaneo de aquel testimonio (JFK 80-1121-Civ-JWK) los curiosos deben acudir a la pág.101 (numeración del PDF no del documento).
16 (…) El director [Richard Helms] entonces dijo algo como, ¿Estamos dándole a Shaw toda la ayuda que podemos? (…)
19 (…) ¿Por qué estaría el director de la CIA tan preocupado con Clay Shaw? (….)
Esta confesión implicando a Richard Helm, director de la CIA en aquel entonces, se produjo años después de que el jurado de Garrison no encontrara pruebas, porque ciertamente no las hubo (testigos que la palmaban, pruebas que se desestimaban “por el artículo 34″… etc.). En la misma queda claro que Clay Shaw (aka Clay Bertrand) fue miembro de lo que la agencia denominaba Servicio Doméstico.
Garrison escribió sus memorias y después de muchas puertas cerradas logró dar con un impresor en NYC que se las publicó en el no tan lejano 1988, le regaló una copia a Oliver Stone y desde 1991 todos podemos disfrutar de la película JFK.
La relación entre Clay y la CIA se convirtió en una de las claves fundamentales y la afirmación de que Richard Helms reconoció dicha relación ha sido minimizada recientemente por un enjambre de medios y escritores. Destaca en las búsquedas el artículo de Max Holland colgado en la propia WEB de la CIA, a modo de resumen cito las dos contradicciones que más me han hecho reír:
Vale, Clay era de la CIA pero sólo del Servicio Doméstico así que no es para tanto. Fue reclutado como muchos otros ciudadanos para informar esporádicamente de su entorno (frecuentes viajes al extranjero en el caso de Clay Shaw). Vamos, que Shaw era un espía aficionado, un amateur, un miembro de los Jóvenes Castores que casualmente se vio implicado en todo este fregado y Helms no quería que por culpa de un boyscout la opinión pública pensara que la CIA estaba detrás de la muerte de JFK. Es lo que pasa cuando permites que existan secretos de estado… ¿hasta dónde hay que dudar cuando se destapa el pastel?
Vaaaaale, Stone promovió con su película que miles de ciudadanos solicitaran acceso a “toda” la información del caso, el Congreso en respuesta a la avalancha de peticiones ordenó liberar toda la información del caso (toda, toda… no: seguimos esperando los archivos de la CIA sobre Lee Harvey Oswald entre otros), desde entonces está custodiada de forma accesible en el Archivo Nacional. Ahora bien, dice Holland, que Stone no se atribuya como suele hacer el mérito de dicha apertura informativa y el cambio legislativo que supuso.¿? ¿? ¿? ¿En qué quedamos? ¿Fue o no fue el causante de dichos efectos? Diría que Holland le tiene un pelín de envidia a Stone, si es que al final hasta los analistas de la CIA tienen sentimientos.
Alineados con Holland han ido apareciendo multitud de WEBs (por ejemplo) y es curioso como por el mero hecho de decir “sí, pero no es para tanto” se pasa directamente y en dos líneas al “¿ves cómo era mentira?“. En esa torpe cortina de humo nadie debería perder la pista de la larga lista de testimonios e incoherencias que ponen en entredicho las conclusiones de la Comisión Warren como por ejemplo los testimonios de los médicos y enfermeras civiles que fueron los responsable de la primera autopsia de las dos realizadas a JFK y que identificaron el agujero en la parte trasera de la cabeza del presidente como el orificio de salida de un proyectil. Este hecho también decisivo se lo pasan directamente por la piedra en un reciente documental del canal Discovery mediante la sencilla pero aplastante técnica desinformativa de afirmar sencillamente lo contrario.
La cinta de la película Zapruder cuyas imágenes forman ya parte de la memoria colectiva no se mostraron hasta el día del juicio, cinco años después del atentado, porque pese a que las autoridades (FBI) sabían de su existencia y custodia por parte de la revista LIFE nadie pidió verla ni incluirla en la Comisión Warren. De hecho las imágenes no se vieron en TV hasta 1975. Nadie debió considerarlas importantes, quizás porque se veía claramente como JFK era lanzado “hacia atrás y a la izquierda” siendo evidente que había recibido un balazo de frente e invalidando así la teoría del tirador solitario.
Tampoco se tienen en cuenta las declaraciones y/o violaciones del protocolo habitual de seguridad por aquel entonces, alteraciones del itinerario inesperadas, ventanas abiertas, falta de agentes del servicio secreto, testimonios indicando diferentes procedencias de los disparos desacreditando la hipótesis del tirador solitario, la imposibilidad física de que Oswald realizara 3 disparos certeros en menos de 6 segundos a un blanco móvil con un rifle barato con la mira mal calibrada mientras estaba en la cafetería del almacen de libros según testimonios recogidos y también desestimados, la bala mágica que provocó siete heridas y al mismo tiempo apareció intacta en la camilla del hospital, los testimonios contradictorios sobre el supuesto asesinato de un policía disparado por Oswald, que el coche de Kennedy fuera lavado y arreglado sin ser debidamente analizado (¡vaya! ¿dónde he visto esto? Sí, siempre habrá alguien que lo encontrará “normal” por ser “legal”), el hecho de que permitieran al coche del presidente circular descapotado en Tejas (un estado que los Servicios Secretos calificaban de hostil a la política y figura de JFK) y con la alerta internacional previa que supuso el reciente intento de asesinar a DeGaulle ametrallando su comitiva meses antes.
En este vídeo se observa explícitamente como los agentes del Servicio Secreto que escoltaban los laterales del coche Kennedy reciben órdenes de retirarse justo al tomar la curva que le condujo al matadero:
Dentro de la larga lista de testimonios hay varias declaraciones que deberían haber contribuído a formular preguntas y dudas, cuando no desacreditar directamente la secuencia de hechos dada por válida por la comisión; todo apunta a que la comisión deliberadamente no incluyó las declaraciones que pudieran ir en contra de una supuesta versión preexistente a la que debían ceñirse las conclusiones de la investigación. Por citar un testimonio al azar: Lillian Mooneyham vió a un hombre en la sexta planta del almacen de libros 5 o 6 minutos después del tiroteo, este testimonio, como tantos otros, no se investigó, corroboró o incluyó en la investigación de la Comisión Warren.
Pero por encima de todo y como ya mencioné en el post anterior una comisión de investigación oficial (HSCA) posterior al juicio “Garrison contra Shaw” encontró pruebas e indicios suficientes de que Oswald no pudo hacerlo sólo, lo cual convierte al asesinato de de JFK según las propias palabras de la comisión en una conspiración. En su informe la comisión HSCA recomendó investigar reabriendo el caso pero nadie presto mucha atención. La HSCA no sólo investigaba el asesinato de JFK, también revisó los posteriores asesinatos de Oswald y Martir Luther King llegando a interesantes deducciones que tampoco llamaron la atención de nadie.
Ayer fue la película Zapruder, con el 11-S tenemos Internet para condensar y contrastar información… al final deberíamos terminar siendo conscientes de forma inmediata de que cuando algo es absurdo, es absurdo y punto: guerras, politicuchos diciendo sandeces, personas que se mueren de hambre… son cosas que no tienen discusión.
En realidad todos nos escudamos en nuestra ignorancia para conspirar… contra nosotros mismos.
(…) El Comité cree, basándose en las evidencias disponibles, que el presidente John F. Kennedy fué probablemente asesinado como resultado de una conspiración. El Comité no es capaz de identificar a los otros tiradores o al resto de la conspiración (…)
A raíz del post anterior decidí revisar la mítica película de Oliver Stone “JFK”, su visionado es poco menos que imprescindible para entender el mundo en el que vivimos, viéndola me acordé bastante de El Señor de la Guerra e inevitablemente del 11-S.
Los paralelismos son los habituales de los ataques de falsa bandera y las aberraciones de la investigación llevada a cabo por la Comisión Warren sencillamente insultantes.
En los créditos finales de la película nos “recuerdan” que en 1976-1979 se produjo una segunda investigación oficial, de sus páginas se extrae la imagen con la que arranca este post.
En esa segunda investigación se recomienda reabrir el caso y así mismo se desechan posibles interventores en dicha conspiración enumerándolos uno por uno: no fueron los soviéticos, ni fueron los cubanos, ni fue la mafia… así hasta que sólo queda el que no es nombrado: el propio Gobierno de los Estados Unidos de América. Supongo que es la noción de sarcasmo que se gastan en esas esferas.
Redundo: en 1979 el propio Gobierno se cuestionó/inculpó a sí mismo, no se hizo nada y aún hoy se especula con múltiples escenarios. Delirante.
Hasta el día de hoy no se ha producido investigación alguna y la única certeza en el horizon vistas las estadísticas de opinión es que alrededor del 2030 se liberarán documentos secretos de la CIA sobre la vida de Lee Harvey Oswald, de todas formas si revisan la película de Stone y hacen una mínima inversión de tiempo comprobarán lo que ya denunció y demostró el fiscal de Florida en su día: Oswald era un peón de la CIA y fue elegido como cabeza de Turco.
No es ninguna afirmación personal: hay testimonios recogidos en el sumario del juicio de Florida de ex-funcionarios de la CIA entre otros testigos que avalan esta afirmación sin olvidar pruebas materiales de dónde estuvo y con quién.
Les dejo con un acertijo sencillo:
“Hacia atrás y la izquierda” repite el fiscal interpretado por Kevin Costner, por muy poco fiable que sea un testimonio visual imágenes como esta son difícilmente rebatibles.
Oswald disparó a Kennedy por la espalda, o al menos eso dice el informe oficial de la Comisión Warren.
Por un gallifante ¿de qué otro informe repleto de inconsistencias emitido por el mismo gobierno que aún no se ha purgado de secretismos y conspiraciones deberíamos dudar?