Si la pereza o la desidia te impidieron leer el artículo original deja que el Doctor Weston te lo explique brevemente:
Si la pereza o la desidia te impidieron leer el artículo original deja que el Doctor Weston te lo explique brevemente:
No sabemos cuál es la verdad y el problema es que no queremos saberla.
Hace ya CUATRO años, Thomas Kean, uno de los comisionados de la investigación del 11-S declaró que la investigación estaba “configurada” a fallar (“predestinada” sería quizás una traducción menos literal pero más correcta).
Lo dijo delante de las cámaras, todo el mundo lo escuchó y aún así hay personas que siguen cuestionando la necesidad de una segunda investigación más libre e independiente del poder que ejercen los intereses económicos a través de los servicios secretos por la vía ejecutiva.
Pueden escucharlo ustedes mismos:
Como bien dijo Nosce: SE MEAN EN TU PUTA BOCA. Perdonen la expresión, son sus palabras, no las mías aunque… ¡qué bien expresado!
Los que dudamos del informe oficial del 11-S sospechamos que dado que los máximos beneficiarios han sido los contratistas militares americanos y su status quo gubernamental, el cual ha logrado rebajar drásticamente las libertades civiles sin que nadie proteste, sin embargo estas sospechas no tienen nada de novedosas.
Lo grave es que, incluso después de la declaración Keane, manifestarse a favor de una segunda investigación sigue sin estar visto como algo lícito o racional.
Si un detective de la policia manifiesta públicamente que la investigación que sirvió para condenar a un reo a muerte estaba condenada a fallar lo lógico sería revisarla inmediatamente y detener de forma preventiva la ejecución ¿no?. Pues bien, intenten seguir exactamente ese razonamiento presumiblemente científico, lógico y racional y obtendrán, en la mayoría de los lugares, una reacción de una intensidad sorprendente. Fase de negación a la enésima potencia.
Si el 11-S terminara confirmándose como un ataque de falsa bandera no sería ni remotamente el primer caso; en la historia reciente se han producido numerosos incidentes extremadamente similares y muchos de ellos han terminado siendo reconocidos por los propios gobiernos que los perpetraron.
La única diferencia es que con el tiempo la sociedad y los medios evolucionan exigiendo una escena cada vez más apocalíptica: antes bastaba con unas decenas de muertos para movilizar la opinión pública, hoy sólo levantamos la vista si la cifra es de cientos o miles. Todo lo demás, toda la parafernalia que rodea al evento, sigue la misma estructura de siempre.
Para ilustrarlo he dispuesto este breve resumen de mis 3 conspiraciones de falsa bandera probadas favoritas:
Click para acceder al informe completo alojado en el servidor de la George Washington University
GLADIO es uno de los mejores ejemplos de cómo se nos puede llegar a decir a la cara que varios estados han conspirado en contra de las leyes elementales y de su ciudadanos sin que los máximos responsables lleguen nunca a pagar por ello. De hecho nunca podrán porque ya están tan muertos como sus víctimas.
Un detalle curioso es que los tres ataques, políticamente hablando, se originan en la derecha impactando contra la izquierda. Aunque a día de hoy dichas formaciones son meras ilusiones mantenidas con vida para la distracción del público la estructura perdura en el consciente colectivo y precisamente, en mi experiencia, es más frecuente que quienes siguen creyendo en la militancia de izquierdas son los que más fervientemente defienden la imposibilidad de este tipo de terrorismo de estado sobre el que existe clara “jurisprudencia histórica”. Quizás mi percepción social me engañe y ambos bandos reaccionen igual, quizás mi sorpresa se deba a que en buena lógica debían ser los militantes de izquierdas los primeros en levantarse contra este manipulación. ¿Síndrome de Estocolmo?.
Existen otros ataques de bandera falsa que permanecen bajo sospecha sin un reconocimiento gubernamental explícito o una prueba material concluyente, entre ellos destacaría:
Cuando se plantea cualquier duda o sospecha sobre el 11-S es muy frecuente que el interlocutor, inmediatamente, nos pida una investigación completa, una teoría perfecta, una respuesta que encaje totalmente y que además vaya acompañada de pruebas materiales. Explicar las inconsistencias de la versión oficial, hacer ver la larga lista de puntos oscuros o la inverosímil lista de coincidencias acompañada de todas las circunstancias histórico políticas, algunas inmediatas, que acompañan a dicho evento no sirven como prueba de que algo anda mal. Sencillamente no entienden que lo único que se pide es una segunda investigación pública y abierta, libre de secretos de sumario, que aborde todas estas cuestiones, empezando por las propias contradicciones de la versión oficial, como por ejemplo:
El periodista Robert Scheer de Los Angeles Times reflexiona en este artículo sobre la posibilidad enunciada en el documental The Power of Nightmares (al menos no tienen miedo de un ejercicio de imaginación) de que el supuesto archienemigo de la humanidad, Mr. Bin Laden, sea una hipertrofia de los servicios secretos: “Si Osama bin Laden, es de hecho, la cabeza de una gran organización internacional terrorista con agentes capacitados en más de 40 países, como pretende Bush, ¿por qué, a pesar de la tortura de prisioneros, esta administración ha logrado producir pruebas concretas de ello?“.
Como ya denunció recientemente The Washington Post (“Un mundo secreto, creciendo sin control”) los servicios secretos norteamericanos se han vuelto tan grandes y secretos desde el 11-S que representan una seria amenaza contra la esencia de la democracia por no mencionar el desproporcionado gasto de recursos que generan. En el artículo podrán comprobar que las declaraciones se sustentan en declaraciones de los propios militares, completamente desbordados por las inmanejables dimensiones del aparato que ellos mismos han creado. La problemática inherente a la existencia misma de los servicios secretos ha vertebrado la reciente saga novelística Millenium, la cual se inspira en deformaciones similares de la justicia ocurridas en Suecia por culpa de un sistema secreto, herencia de la guerra fría, fuera de control. La historia está contada desde la perspectiva de una víctima anónima y civil como cualquier ciudadano de a pie y es una estupenda forma de sensibilizar a todo el mundo con los riesgos que conlleva el permitir secretos de estado.
Recuerden que el último argumento con el que se nos quiere hacer creer que dichos secretos son necesarios es precisamente el miedo (“es por su seguridad”).
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“¿Por qué, por supuesto, la gente no quiere la guerra … Pero después de todo son los líderes del país quienes determinan la política, y siempre es una simple cuestión de arrastrar a la gente, ya sea una democracia o una dictadura fascista, o un parlamento o una dictadura comunista … Con voz o sin voz, el pueblo siempre puede ser llevado a la posición de los líderes. Es fácil. Todo lo que tienes que hacer es decirles que están siendo atacados y denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo y por exponer al país al peligro. Funciona de la misma en cualquier país.” (Hermann Goering)
Enlace directo al vídeo en YouTube.
La verdad es que ser un conspiracionita no tiene mucho mérito con guiones tan simples que se pueden resumir en 4 palabras.
¿Qué es lo que dice este contable en el instante 1:59? Dónde habré visto yo antes algo así…
John L. Gross es uno de los directores de un proyecto de investigación encargado al NIST (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología) por el gobierno americano, concretamente su proyecto se titula: “Respuesta estructural al fuego y colapso (de las Torres Gemelas y del WTC7)”.
En el siguiente vídeo pueden ver cómo el señor Gross declara que no encontraron restos de acero fundido, a continuación testimonios e imágenes afirmando lo contrario.
Cuestión a parte es el lenguaje corporal del señor Gross entre el instante 0:25 / 0:40.
En el instante 1:00 se puede escuchar a uno de los bomberos que intervino en el 11-S afirmando haber contemplado “ríos de metal corriendo como en una fundición”, aunque hay imágenes en este mismo vídeo mucho más explícitas que esas u otras declaraciones en el recogidas.
¿No hace falta otra investigación, verdad?
Visto aquí.