Apenas 24h después de haber disfrutado del agridulce final de Lost y ante la avalancha de críticas que este ha suscitado no he podido reprimir la primera confrontación verbal al respecto. En este caso ha sido mi buen amigo V. quien ha servido de sparring o quizás yo era el sparring y él John Locke dándome cera pa’l pelo… o quizás… todo vale ¿no? Pues no.
Le decía a V. que si sigo una serie es para disfrutar con el camino y que muchas de las críticas me parecen aglutinar una amalgama mezcla de sentimientos, razón e infantil frustración a partes iguales. Un apasionado cóctel de razón y sinrazón que me niego a engullir.
Todavía no he leído ni una sola crítica debidamente estructurada y sí muchas que apuestan por el amarillismo más tertuliano, mejor no pongo links no vaya a ser que para una vez que atraiga comentarios liemos una flame-war en un sitio tan tranquilo como pretende ser este. Sea como fuere supongo que teclados más afilados que el mío estarán tallando en estos mismos instantes ensayos mucho más elaborados que esta torpe crítica de aficionado.
Guantes, gasas… bisturí: forma y contenido.
Empecemos por el tejado: pequeñas molestias residuales y post-operatorio.- que si dejan muchas cosas sin explicar, que si a dónde irán los que se escapan, que si…. Señores: ese no es el problema porque en la indiscutible intencionalidad de la trama todo vale. El árbol no les deja ver el bosque. Permítanme ponerle nombre a una patología conocida con una expresión coloquial: son uds. unos culitos en pena. Cuando les dan un final apto para las mentes más perezosas montan en cólera por sentirse infravalorados (con razón en el caso que nos ocupa), eso sí, cuando nos dan en el pecho con un final para hombres hechos y derechos (Los Soprano) entonces lloramos como magdalenas. No reivindiquen los cabos sueltos, podrían seguir estando ahí con un final de idéntica esencia pero debidamente presentado: ¿qué es esa lucha de vaqueros al borde del acantilado? ¿La némesis de Jacob asesinada por la espalda? ¿Y la poética revelación de que Desmond es en realidad el arma para después someterlo a una vejatoria sesión de espeleología al más puro estilo Indiana Jones? Un tierno homenaje pero ¿era necesario hacer de todo un chiste y precisamente en el trecho final? Ocurre igual con el detalle del plano mostrando que un 737 despega exactamente a 140 nudos: súper-friki-de-la-muerte ¿pero de qué sirve si todo lo demás no está a la altura? Droga adulterada, vino peleón.
Todos sabemos coger una cámara y disparar pero Coppolas y Antonionis sólo son unos pocos elegidos, nos merecíamos algo más que un dibujo hecho por un niño.
Contenido.- No entiendo ni comparto las quejas sobre el contenido de este final. Ya desde la segunda temporada se destapó la liebre entre los seguidores más avezados hasta el punto que los propios guionistas tuvieron que salir a la palestra para desmentir (¡que remedio!) lo que final e inevitablemente se ha confirmado. Entiendo que cada uno crea su propio mapa del territorio, que no percibimos las cosas exactamente igual, en ocasiones ni remotamente parecidas pero… ¿hemos estado viendo la misma serie? ¿Alguien cree que lo que tenían en mente los guionistas desde el primer capítulo podía ser otra cosa distinta a una historia clásica de redención? Todos podemos creer lo que queramos pero desde luego algunas apuestas son más arriesgadas que otras.
El desenlace, en esencia, era único e inevitable. No estamos ante un recurso fácil y cuasi prohibido en las escuelas de guionistas. El recurso de la solución por ensoñación es punible cuando no guarda relación con el desarrollo, no cuando forma parte integral y probada de la trama. ¿Pruebas? Aquí una de cientos. Protesta desestimada.
Forma.- quizás lo que tanto nos irrita no es el contenido, quizás sea otra cosa… quizás sea ver cómo toda la grandeza de la serie decelera y se desinfla como un souflé fallido entre lánguidas e inagotables secciones de cuerda, volcándonos todos los recuerdos vividos con evidente ánimo sensiblero. ¡Y no es que no queramos rememorarlos, no es que no queramos derramar alguna que otra lágrima! La cuestión es que el tono empleado fuerza hasta el límite la capacidad de absorción de un espectador meticulosamente alimentado con sutilezas metafóricamente dosificadas. Después de embaucarnos con un mensaje delicado y elaborado, después de conquistarnos con un desarrollo sutil e inteligente nos vemos violentamente sumidos en un desfile de lencería verbenera del que precisamente nos hemos estado refugiando durante 6 años, creyéndonos a salvo de la vulgaridad nos la encontramos en la cocina de vuelta de una velada que, hasta entonces, había sido perfecta. Queríamos llorar, queríamos abrazarnos, queríamos ver la luz pero al final nos encontramos con una exhibición explícita, directa y vulgar. Y eso, señores guionistas, duele.
Para terminar citar el que considero el enemigo más temible de los finales de series: el propio espectador. Somos consumidores, vivimos bombardeados por el consumismo y ello implica anhelar, devorar y acto seguido sentir una frustración que intentaremos consolar con la próxima consumición. Aquí y ahora, sociedad de la inmediatez que dicen. Lo sabemos y nos jactamos de estar blindados: ¿nosotros? no, consumen ellos. Nos han vendido un juego que nos entretenía, poco a poco nos ha ido convirtiendo en adictos y finalmente, cuando nos retiran el vial, no importa cómo lo hagan, sufrimos el síndrome de abstinencia, olvidamos, guionistas incluídos, que Ítcaca no es una isla, es un viaje.
Dedicado a los goodfellas…



