Dark City ha sido para mí una más de las muchas películas que me han ido esquivando a lo largo de los años. Agazapada en la cartelera de los periódicos, furtiva en los estantes del videoclub. En ocasiones la veía por el rabillo del ojo pero siempre ocurría algo que la apartaba de mi camino. Hasta ayer.
Alex Proyas dirigió y escribió esta pequeña joya, inspirado quizás por maestros anteriores y creando una referencia para futuras creaciones. Dark City se me antoja un cruce de camino estilístico, rico y variopinto.
Pongamos las cosas en perspectiva:
Scanners, 1981 y Videodrome, 1983 ambas de Lynch: de la primera podría haber tomado la idea de “sintonizar” y de la segunda la estética biológica de los malvados, pensando en la única licencia gore que Proyas se permite en toda la película (muerte del primer malvado).
Dune, 1984 y Blue Velvet, 1986 ambas de Cronenberg: de la primera podría venir una gran influencia de decorados y vestuario, de la segunda el comportamiento de los personajes y la atmósfera oscura y opresiva.
Hellraiser, 1987: la estética casi clónica de los malvados y cierto paralelismo en sus motivaciones.
Seguramente habrá muchas más, a la cabeza me vienen destellos de la adaptación de Momo y más de un título de Terry Gilliam.
Rebasando 1998 las ideas sembradas por Proyas germinan por doquier: eXistenz (concepto y atmósfera), The Truman Show (Universo aislado), Matrix (estética) o Inception (efectos visuales y parte de la historia)… por citar sólo los primeros que me vienen a la cabeza.
Dark City es un cuento oscuro, con tintes cyberpunk y estética de cine negro años 30. Un bocado refrescante por lo estimulante de su concepción a todos los niveles.
Recomendable visitar la entrada de la Wikipedia, contiene más información, un análisis detallado y más similitudes con otras obras.


