Saber que nos seguimos enfrentando a los mismos problemas desde hace generaciones no debería desanimarnos ni llevarnos a aceptarlos como inevitables, quizás deberíamos abrir un poco las miras y buscar qué factores son los que, a pesar de los esfuerzos de cambio, han permanecido inalterados; en ellos está la clave.
Archive for enero, 2011
Casting: propongo a Herrero para el papel de pregonero y a Sinde de verdugo, el niño somos todos.
Dejavu cinematográfico lo llaman.
Hace unos días saltó la noticia de un portavoz de las Naciones Unidas opinando que el 11-S fue un complot, un montaje, una conspiración del gobierno entonces presidido por G.W.B. Jr.
La reacción tardó poco en llegar: los Estados Unidos reclamaron su puesto, su placa y su pistola.
De hecho al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon no le tembló la voz al afirmar que:
“Es ridículo y supone una afrenta a la memoria de las más de 3.000 personas que murieron en ese trágico atentado”.
Supongo que Ban Ki-Moon se está haciendo el sordo ante el clamor organizado por esas víctimas a las que cree defender.
Pero… ¿quién es Richard A. Falk? Bueno, el Sr. Falk, Falk para los amigos, es lo que a puerta cerrada y en el despacho oval deben definir como “un grano en el culo”.
Falk es profesor emérito por la Universidad de Princetown en Leyes Internacionales y ha tenido, hasta la fecha y si no se tropieza en la bañera con ninguna jeringuilla de heroína o sufre un accidente de avión, una vida repleta de aventuras académicas, legales e incluso batallas sobre el terreno.
En la época de la Guerra de Vietnam, octubre de 1973 para ser más exactos, defendió a un acusado de haber cometido un atentado bomba con víctimas mortales en una universidad militar, la defensa de Falk se basaba en la jurisprudencia de los juicios de Nuremberg, proceso que según Falk se legitima sobre la base de que la intervención militar americana en la WWII supuso un mal menor al ir destinada a frenar un mal mayor. No se trata de si Falk creía realmente en ese argumento, hay que entender la lógica elemental detrás del mismo: trazar la línea entre el bien y el mal se convirtió en una cuestión diplomática.
Desde ese año Falk ha invertido tiempo y teclas en expresar, explicar y argumentar los mecanismos que se esconden detrás de la persecución del anti-semitismo que germinó en EE.UU. a partir de la WWII, sus batallas diplomáticas con Israel se han centrado en la mayor parte de las ocasiones en denunciar la violación constante de los derechos humanos en la franja de Gaza y un largo etcétera habitual en un conflicto tan enquistado como el que enfrente a Israel y Palestina. En más de una ocasión ha sido detenido y saboteado en sus investigaciones pero nunca ha cejado en su empeño.
En relación a los atentados del 11-S su colaboración con los llamados truthers (aquellos que no creen total o parcialmente en la versión oficial y que demandan una segunda investigación) ha sido estrecha y constante.
En 2004 Falk escribió el prefacio del libro de David Ray Griffin “Cuestiones perturbadoras sobre la Administración Bush y el 11-S”, cito:
“(…) Hay preguntas se han planteado aquí y allá y las denuncias de complicidad oficial realizado casi desde el día de los ataques, especialmente en Europa, pero nadie antes que Griffin ha tenido lapaciencia, la fortaleza, el coraje y la inteligencia de poner las piezas juntas en una cuenta única y coherente. (…)”
No fue la última colaboración con Griffin y ni mucho menos la única muestra de apoyo a las dudas que las incoherencias del informe 9/11 apunta.
Así llegamos a Enero de 2011, cuando Falk abre la caja (diplomática) de Pandora afirmando desde su puesto en la ONU que:
(cita extraída del blog de Falk)
“Las sospechas que alimentan la teoría de la conspiración del 11-S son la renuencia a abordar el tipo de lagunas y contradicciones incómodas en las explicaciones oficiales que David Ray Griffin (y otros especialistas dedicados de alta integridad) han documentado en un libro tras otro desde que fuera publicado The New Pearl Harbor en 2004 (actualizado en 2008).”
“¿Qué puede ser más penoso que la evidente cobertura y el silencio misterioso de los medios de comunicación, opuestos a reconocer las más que legitimas dudas acerca de la versión oficial de los hechos: una operación de Al Qaeda, sin conocimiento previo por parte de funcionarios del gobierno. ¿Es este silencio una manifestación de miedo o de cooptación, o parte de un filtro igualmente preocupante de autocensura?”
“Sea lo que sea, el resultado es la extinción de una ciudadanía participativa y la erosión de un gobierno constitucional legítimo. Las formas persisten, pero el contenido se ha perdido. “
El dilema al que se está viendo abocada la sociedad es el de aquel que se ha dormido en los laureles y que ahora parece tener una sola opción de recuperar el terreno perdido: luchar, pero luchar de verdad, haciendo daño y olvidándonos del karma y la no-violencia. Pero… ¿se olvidará el karma de nosotros?. Un último estertor, la WWIII, un final de traca, tarde y mal… ¿y luego qué?
O eso o aceptar que hemos perdido, que esta no es la forma ni el mundo en el que queremos vivir y apearnos, como bien explica Ricardo Galli en este excelente post.
Tomar conciencia es un proceso lento e intelectualmente costoso, no hablemos del desafío cultural que entraña; pero mientras que esas ruedas giran lentamente entiendo el proceso que lleva a una persona consciente e impotente a lanzarse sobre el botón rojo llevándose por en medio a más de un tácito colaborador.
No está bien pero no parece menos humano que el elaborar un compleja y difusa política del miedo para justificar el gasto público en la industria de la muerte.
No pretendo hacer apología de la violencia, no sé si la defensa del 73 de Falk era la opción “menos mala” una vez que ya se tiene a niños envueltos en Napalm por un lado e instituciones académicas entregadas al análisis de tiros parabólicos de esas mismas bombas por otro. Cuando el fallo es estructural y anterior a los hechos que pretendemos enjuiciar no creo que el emitir una valoración moral tenga más sentido que discutir sobre la belleza de una explosión termonuclear.
¿Nos bajamos, seguimos dialogando mientras llueven las injusticias y los cadáveres o nos lanzamos al combate cuerpo a cuerpo?
Nadie puede ayudarte a tomar esa decisión, nadie puede tomarla por ti.
Creo firmemente en el poder del diálogo y la insistencia en encontrar una forma de evolucionar y levantar el vuelo; aunque sea en el último instante y con las copas de los árboles enganchadas al tren de aterrizaje. Sospecho al mismo tiempo que hemos sobrepasado el punto de no retorno.
Si el contenido se ha perdido, como dice Falk, siempre nos quedará la tragedia de las formas: el capitán aferrado al timón del navío aún sabiendo que el naufragio es inevitable.
Excelente asalto el de Jesús Encinar, no siempre vamos a estar de acuerdo, esta vez sí, absolutamente, plas plas plas, c&p de su blog personal:
La Ministra de Cultura confunde las palabras
El diario El País ha publicado hoy una opinión de la Ministra de Cultura sin un solo enlace a nada más allá de si mismo. Una costumbre, esa de escribir algo sin enlazar a nada, que tanto gusta a quién no quiere dialogar, ni ofrecer fuentes ni entiende lo que significa internet y la cultura participativa. Me llama la atención por lo poco que parece entender los argumentos que desde los blogs y desde internet mucha gente hemos intentado hacer llegar. Es un texto farragoso y pomposo que pretende ser falsamente erudito cuando en realidad muestra la cortedad de miras que tiene.
Para empezar el artículo tiene varios graves errores sobre la historia como desconocer la historia de la imprenta, cercenar sin piedad la cita de Cervantes para cambiar su significado, confundir la historia de Edison/Méliès o la referencia a Mark Twain que al hablar de piratas se refería precisamente a los editores: “Mark Twain looks upon the copyright law as pure robbery”
Pero lo más serio es que, de nuevo, quieren confundir los términos sin responder a los argumentos.
Por resumir: La ley Sinde es inútil. INUTIL. No conseguirá los objetivos que se propone. Cuando se cierre una web otras cinco se abrirán. Es como golpear una medusa. Cerraron Napster y se abrieron otras 100 Napsters. No se trata de cerrar webs rápidamente sino de encontrar nuevos modelos de negocio, algo a lo que la industria se ha negado sistemáticamente. Esta ley retrasa de nuevo el momento de la verdad alargando la agonía de los viejos modelos sin ponerse de una vez a pensar en el futuro. Cuando el gobierno americano intentó cerrar Wikileaks se crearon 100 webs espejos en pocos días. La solución tecnológica que quieren adoptar es inútil frente al problema que quieren afrontar.
Van a imponer una Comisión de Control de Internet que diga lo que se puede ver y lo que no. Esta comisión formada por el gobierno y la Sgae regularía que internet se puede ver desde España (contrariamente a lo que quieren hacer ver, no regula sólo unas pocas webs, nos regulan a todos) y sería una peligrosa herramienta de control de lo que hasta hoy es una internet libre. Nos pone al nivel de países como China, Corea del Norte o Irán. Es una ley que no existe ni en EEUU ni en países donde se respete la libertad de expresión. Aunque la ley sea inútil para proteger los derechos de autor tendrá autoridad para amenazar y callarnos la boca a los que hagamos cualquier cosa que no le guste a la Sgae o el gobierno (el actual o el que venga). Ayer mismo vimos como se cerraba un blog que denunciaba unos fraudes, no por lo que denunciase fuese verdad o mentira, sino porque usaba un logo sin derechos de autor. Los derechos de autor se utilizan de rondón para cerrar webs.
Los intelectuales que deberían protestar ante esta gravísima injerencia del Estado en la sociedad civil se callan. Ante una ley creada al dictado del gobierno americano, como Wikileaks ha dejado claro, prefieren cerrar los ojos y mirar para otro lado. El mundo al revés. Los que antes cantaban canción protesta ahora se apartan de su público natural y se ponen del lado del poder. Ver para creer.
“Gente de la cultura versus gente de la tecnología”
Esa es la dicotomía más falsa de todo el artículo. La Ministra, una persona que viene de la industria, expresidenta de la Academia del Cine, piensa que hay personas, como ella y sus amigos, que son “gente de la cultura” y otros que no lo somos. Ella va a sus fiestas endogámicas, a sus entregas de premios, inauguraciones, estrenos, presentaciones… y como siempre ve a los mismos, entre canapé y canapé lógicamente concluye “estos son la cultura, estos son los míos”. Los demás, los que escribimos un blog de poesía, subimos fotos a internet, colgamos un video en youtube, damos un concierto para amigos, hacemos un documental sobre nuestro barrio, etc. No somos “gente de la cultura”. No vamos a sus fiestas. Somos otra cosa. A falta de otro nombre nos llama “gente de la tecnología”. Pues no señora. La cultura somos nosotros. Ustedes son el negocio de la cultura, que es otra cosa.
La Ministra vaticina que, sin su ley, la cultura flaqueará: “Cada vez menos gente podrá dedicarse profesionalmente a ella y nos veremos abocados a un menú monofágico de apenas unos pocos platos que gusten a muchos y que decidan por nosotros grandes intereses económicos (los verdaderos dueños de la Red).”
Paradójicamente el futuro que ella vaticina se parece mucho al presente que hoy vive la industria. Vivimos una realidad donde hay unas pocas majors discográficas, unas pocas grandes editoriales, unos pocos organizadores de conciertos, unas pocas distribuidoras de cine, etc. controlan lo que podemos ver. Toda la industria está organizada precisamente para asegurar “unos pocos platos que gusten a muchos”. Es lo que la ley acentuará. Si algo permite internet es precisamente lo contrario, una larga cola de gran oferta, no necesitamos su ley para eso. Señora ministra, si quiere variedad de platos déjenos en paz hacer nuestra vida. No justifique una ley restrictiva que creará precisamente la consecuencia opuesta de lo que dice defender.
George Orwell describe en 1984 el gobierno de Big Brother formado por tan sólo 4 grandes Ministerios. El Ministerio de la Paz, para encargarse de la guerra. El Ministerio del Amor, para asuntos internos y seguridad. El Ministerio de la Abundancia, para asuntos económicos. El Ministerio de la Verdad, para información y propaganda. Cada vez que oígo el título de “Ministra de Cultura” me sonrío en silencio. Pensando en lo que para ella significa “Cultura” me parece estar viendo una mala copia de 1984.
