De toda la larga lista de personajes públicos que se han pronunciado a favor de las corridas de toros, con sus inevitablemente falaces y retorcidos argumentos, pensaba (ingénuo) que nadie iba a ser capaz de superar a González-Sinde. Como ya enunció alguien la estupidez humana no tiene límites pero para al menos poder sopesarla hay que tomar como referencia los atributos del emisor, de esta forma noslomismo que un inculto e ignorante politicucho de tres al cuarto comparta una chorrada porque, a fin de cuentas no se puede esperar mucho más; que la tristemente frecuente situación en la que alguien teóricamente inteligente te sorprende con una grandísima barbaridad de la que además afirma estar profundamente convencido.

La sorpresa en este ocasión nos la proporciona una escritora culta y sensible emitiendo la siguiente opinión:

(…) Cualquiera que no tenga la capacidad de emocionarse en una corrida de toros lo que ve es la tortura de un animal, y yo eso lo entiendo. Lo de que se prohíba es otra cosa. Porque hay muchas cosas que no te gustan, pero no hace falta prohibirlas. (…)

Fuente aquí.

Y yo me pregunto: ¿Qué clase de persona puede tener esa CAPACIDAD?

Se me ocurre un ejemplo…

Quizás, sólo quizás, nuestro código penal esté condenando al ostracismo expresiones artísticas de gran valor.