Desmontar el sensacionalismo y explicar al público cómo se deforman los datos requiere tiempo y esfuerzo:
“(…) otro dato curioso y que está siendo prostituido por el IPCC es el tema del CO2. Y como lo que dice el IPCC tiene más bombo que lo que no dice, pues no existe. Y a ello ayuda en su medida la ignorancia de términos estadísticos de gente ajena a la ciencia o a la estadística (…)”
Ya hacia el final las cosas claras y el chocolate espeso:
“(…) De todo ésto se pretende poner de manifiesto que, en pocas palabras, se está trabajando mal. (…)“
Junto a esas palabras encontrarán una explicación, pausada, razonada… científica.
Esto no quiere decir que el público deba perder la fe en la ciencia, rasgarse las vestiduras y mandarlo todo a freir espárragos. Esa no es la lección que debemos extraer. La moraleja es que para hacer las cosas bien es innecesario, y contraproducente, recurrir a un mal motivo. Hacer el bien debería ser, por sí mismo, un motivo más que suficiente.
