Me remite mi buen amigo A. la traducción de un interesante artículo del veteranísimo Noam Chomsky, el interés no viene de la novedad sino la talla del emisor y el consecuente valor añadido.

Citando al azar: “(…) Las investigaciones actuales indican que aproximadamente una cuarta parte de los empleos estadounidenses será extranjerizado en dos décadas, y los que queden se enfrentarán a beneficios y sueldos menores debido a la mayor competencia de los trabajadores reemplazados. Este patrón sigue a 30 años de estancamiento o desplome para la mayoría, mientras la riqueza fluye hacia pocos bolsillos, llevando probablemente a la mayor desigualdad de la historia estadounidense. (…)

Al final la razón y la realidad son obstáculos insalvables, la única forma de recuperar esos puestos de trabajo con nuestro actual reglamento pasa por mejorar la productividad en el país que los está perdiendo y por mucho que se pudieran bajar los sueldos sería éste un ingrediente insuficiente por limitado, tendríamos que recurrir a una automatización todavía mayor y así, al final del camino, llegamos al problema tan bien señalado en Zeitgeist: ¿quién va a trabajar para ganar el dinero que paga lo que las máquinas fabrican?

La respuesta en bien simple: nadie, en un supuesto extremista no va a quedar nadie. Ni tendremos el dinero ni tendrá sentido pagar por bienes de coste irrisorio. El sistema monetario en el que vivimos está condenado al fracaso, sirvió durante unas décadas pero no puede perpetuarse hasta el infinito porque lo hace a costa de dañar a las mismas personas que lo sustentan. Nótese que hablo de sistema monetario y entiéndase que dentro de ese saco van de la mano capitalismo y comunismo.

Son preguntas que se han formulado desde los albores de la automatización, la advertencia intrínseca a dicha cuestión es la misma que en su día muchos se planteaban acerca de a dónde nos iba a llevar el endeudamiento sistemático de la población y cuya respuesta parece hoy evidente.

La sociedad como ente coherentemente integrado está comenzando a dar sus primeros pasos y si bien empieza a ser capaz de enfocar los problemas a cierta distancia todavía no es capaz de anticipar sus movimientos para evitarlos.

El problema de casi todos los sistemas políticos ensayados en estos últimos 300 años de Historia, por no decir 5.000, es su base monetaria y más recientemente deudora vinculada a la paradoja de la productividad y la competitividad, la cual enfrenta sin solución la obtención de beneficios con la reducción de costes. Cuando se comenzó a especular con el conflicto que anunciaban la proyección de dichas gráficas y como éste evidenciaba el irremediablemente trágico desenlace asociado nadie actuó en consecuencia; el tiempo avanza inexorable llevándonos hasta el presente: ya hemos alcanzado ese lugar en el tiempo que parecía tan lejano sobre el papel.

Muy bien, estupendo… ¡fantabuloso! ¿Y ahora qué? ¿Cuánto tiempo vamos a estar mareando la perdiz?

Imaginemos la posible cronología que nos queda antes de confirmar que, efectivamente, estamos viviendo una Nueva Edad Media con móviles y esclavos autofinanciados:

  1. Llevaremos, aún más de lo que lo hemos hecho en estos últimos 30 años, la producción a China pero dada la oligarquía reinante no servirá para elevar significativamente la deplorable calidad de vida sus ciudadanos y sí para deteriorar la de los países que pierden capacidad productiva dado que la absorción de mano de obra de los sectores primario y secundario por parte de los terciarios tiene un límite alcanzado a día de hoy: ¡todos más pobres! Excelente logro.
  2. A continuación algunos de los países primermundistas dañados que hayan optado por automatizar al máximo la producción de bienes esenciales en un vano intento por recuperar la independencia y la dignidad descubrirán, si lo logran, como a medida que aumenta su independencia por la vía de la automatización disminuyen los ingresos procedentes del exterior de su Arca de Noé porque… ¿qué van a vender ahora al bloque asiático? ¿el valor añadido de I+D que puedan estar interesados en comprar? Eso suponiendo que asia no haya logrado poner en práctica su propio I+D y en cualquier caso ¿a quién se lo van a revender? ¿al continente africano? Pudiera ser pero no estarían sino perpetuando la técnica de la patata caliente…
  3. … ahora que los países primermundistas buscan convertirse en entes independientes de toda vida terrícola Asia se convertirá, si no lo es ya, en una suerte de nuevo primer mundo cuyos trabajadores, más pobres que los del antiguo primer mundo, ahora sublime, fabrican para vender a las economías emergentes africanas que, con el tiempo y tan pronto como desarrollen las infraescruturas logísticas, jurídicas y sociales necesarias, comenzarán a acaparar la producción asiática conviertiéndose en la nueva-China y así irán mediando guerras y crisis entre los nuevos-ricos-aunque-más-pobres-que-los-anteriores y los nuevos-pobres-productivamente-rentables-aunque-menos-que-los-anteriores hasta que o bien se aniquilen, mueran de inanición o evolucionen como, quizás, lo hicieron sus progenitores.
  4. Mientras tanto los antaño llamados países primer mundistas lucharan denodadamente por ascender al Nirvana quizás sin encontrar la puerta pero…

… ¿realmente ocurrirá así? ¿Si los arquitectos políticos-sociales-económicos son ahora las grandes corporaciones porqué no subducir la gran placa de las grandes economías inviertiendo los roles hasta ahora conocidos? ¿Y si la indeterminación inherentemente humana deviene en una inacción que no es ni lo uno ni lo otro y simplemente presenciamos lenta y dolorosamente como el sistema monetario erosiona la calidad de vida de toda la población mundial con nuevas lavativas?

Las utopías no tiene porque convertirse en realidad de un día para otro, quizás sólo sean faros que deban marcar nuestro rumbo en busca de una vida mejor y en cualquier caso no olvidemos que negar el problema siguiendo una brújula estropeada no ayuda a llegar a buen puerto.

El tiempo dirá si somos listos o inteligentes.

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