Un abuso arrogante, Fernando Savater en El País (04/03/2010)
Para un escritor frustrado y amateur como yo criticar a un titán del razonamiento y la literatura como Fernando Savater, un hombre mucho más culto y hábil con la palabra de lo que yo nunca seré, es de un osado temerario que para muchos rozará la idiocia más estulta.
Sin embargo y con el mismo par al que recurren los toreros para salir al ruedo: me voy a meter en faena. No por nada, cuando alguien dice una tontería, por muchas verdades que haya dicho antes, sigue siendo una tontería y es necesario señalar al Emperador y gritar todos a una: ¡está desnudo!.
“No es lo mismo disfrutar viendo luchar que disfrutar viendo sufrir: hay códigos de honor y celebraciones simbólicas que pueden no compartirse pero que nadie puede arrogarse la autoridad moral para descalificar sin más.”: También hay códigos de honor en la guerra, en la mafia y pactos de hipócritas entre las hienas que gobiernan desde la corruptela política más putrefacta. Igual que debería importarnos poco o nada que el debate lo defiendan hoy nacionalistas catalanes (con los que poco o nada tengo en común) o veletas vascas nacionalistas como las que Savater menciona al principio de su discurso, conviene recordar que una verdad es una verdad no importa quién la emita. Aquí Savater me devolvería el golpe apelando al relativismo moral aristotélico y yo, torpe en comparación, me vería obligado a arrinconarme en la esquina platónica, ese lugar donde también se habla de dignidad y honor pero sin vácuos indeterminismos que sólo nos pueden llevar a dar por válidas todas las manifestaciones sociales en aras del respeto. ¿Cómo pueden convivir el honor con el sufrimiento evitable y por ende gratuito? Me arrepiento de seguir comiendo carne, me arrepiento de llevar prendas de piel y confío en que poco a poco vayamos dando los pasos necesarios para que nuestra supervivencia dependan al mínimo del sufrimiento ajeno, en cualquier caso y por pura cuestión de prioridades antes de ponernos a sanear nuestra supervivencia parece lógico comenzar por purgar nuestro ocio.
“A fin de cuentas y lo más importante: se trata de una cuestión de libertad. La asistencia a las corridas de toros es voluntaria”: ¿Libertad? ¿También es optativa para el toro? ¿Tiene alma el toro? ¿Tienen alma los negros, los judíos y los gitanos? La cuestión es si estamos dispuestos a reconocer el valor de la vida.
“Comprendo perfectamente que haya quienes sientan rechazo y disgusto ante ellas, como a los demás nos pasa ante tantos otros espectáculos, hábitos y demostraciones culturales. Pero que eso faculte a las autoridades de ningún sitio para decidir desde la prepotencia moral institucionalizada si son compatibles o no con nuestra ciudadanía resulta un abuso arrogante.”: ¿Con qué otra manifestación cultural esta equiparando Savater la fiesta taurina? ¿Cón el fútbol? ¿Con las fallas de Valencia? ¿Con las carreras de caballos de Cádiz? Es cierto que en todas esas manifestaciones se pone en evidencia un hecho incuestionable: mueven cantidades innecesariamente ingentes de dinero que podrían destinarse a paliar auténticos problemas. Pero… ¿implica la comparación del sufrimiento directo con un descuido por omisión el que ambas costumbres deban permanecer inalteradas eternamente? O cómo más de un padre le habrá dicho alguna vez a su hijo: ¿si tu amigo se tira por un barranco tú también tienes que hacerlo? Habría que probar a sustituir al toro por un amante de la fiesta taurina, así sin preguntarle ni nada, enfrentado eso sí en igualdad de condiciones contra un torero, dado que no pesa 500kg ni tiene cuernos al menos le vestiremos igual y le daremos un estoque. ¿Qué ocurriría entonces? ¿”Noslomismo” señor Savater? ¿Por qué no podemos conmutar al toro por una persona? Dado que no hay necesidad alimentecia mediante y se trata de una fiesta ¿por qué iba a tener más valor la vida de un mamífero que la de otro en una situación artificialmente inducida? ¿Qué código ético o moral podríamos aplicar sin entrar en conflicto moral con la naturaleza de dicha celebración?
“Prohibir un juego de indudable raigambre literaria y artística, codificado y estilizado rigurosamente a lo largo de siglos, del que disfrutan muchas personas y que garantiza una forma de vida y un tipo de desarrollo económico, ligado al paisaje y a la ganadería, exige algo más que un respetable pero no universalizable remilgo de ciertas sensibilidades. Salvo que lo que esté en juego sea otro tipo de consideraciones políticas, en las cuales prefiero no entrar.” No hay forma de malinterpretar este extracto: hoy, año 2010, la única forma honorable y digna que tiene la humanidad de preservar una raza animal es proporcionándole cuidados que la gran parte de la población mundial envidiaría para después obligarle a enfrentarse a un combate en el que la mayoría están condenados a morir (“sólo en casos de extraordinaria bravura, porte y trapío, el presidente de la corrida puede conceder el indulto del toro“). Absolutamente delirante.
“Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, darte cuenta de que estás decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar, como podrás comprender.”
Ética para Amador, por Fernando Savater hace demasiado tiempo.
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