Desde hace tiempo la zona de campo acotada como Estación Biológica Torretes cuyo emplazamiento se ve atravesado por un camino de pequeño recorrido, más popularmente conocidos como PR, impide el paso fuera del horario de visitas (y dentro del mismo también como puede comprobarse en una de las fotografías) a los excursionistas que deseen disfrutar de esa zona de monte tan próxima a la localidad que más de un ibense acude a ella sin ni siquiera coger el automóvil.
Esto no siempre fue así. Las puertas, las cámaras de seguridad y los letreros advirtiendo que la zona está bajo la vigilancia de una empresa privada se han ido incorporando paulatinamente.
Hace unas semanas tuve ocasión de hablar con una de las personas que trabajan en las instalaciones y al preguntarle por esta situación me respondió que habían tenido problemas de vandalismo, botellones nocturnos y cosas así. Entiendo que para atajar dicha situación se añadan cámaras que en realidad no son sino un disuasorio y económico vigilante permanente, no comparto sin embargo que además tengamos que impedir el paso a quien no tiene más interés que cruzar los cuatro bancales donde se cultivan las especies protegidas para poder disfrutar del PR que se extiende fuera de los límites de la propia estación y que ha existido muchos años antes de que el proyecto ecológico se pusiera en marcha.
Más allá de la breve incomodidad de tener que rodear una absurda valla se pueden dar las circunstancias en las que su hijo pequeño le pregunte, o no, porqué está bien saltarse esa prohibición y no otras.
Sirva este post para animar al consistorio local a retomar el camino de la coherencia y disponer los vallados y carteles de tal forma que un domingo por la tarde cualquier padre pueda enseñarle a su hijo a disfrutar del monte sin tener que quebrantar una norma.
Y no, obedecer como los borregos una normativa absurda NO es una opción ni una buena lección.
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