Es imposible estar en paz con uno mismo y sus razonamientos si no nos guíamos por la razón, la lógica y una pizca de sentido común.
Si tiene orejas de elefante, patas de elefante, cola de elefante… bueno, ya saben.
Es indiscutible que si el sector de las energías renovables y la ecocultura están en boga se debe a que, por fin, son rentables. No me refiero a la rentabilidad del que compra y vende beneficiándose de un diferencial sino a otros beneficios:
- Lo verde vende, entiéndase: si no eres verde vendes menos. Ahí están todos los cartelitos We are green de todas las mega-corporaciones.
- Lo verde permite salidas de caja del herario público: cuánto más temible sea el enemigo más incuestionable será el gasto.
Lo que no quita que una verdad sea una verdad aunque la diga un mentiroso habitual; la credibilidad que vincula al mensaje con su emisor siempre me ha parecido un dogma de fe de lo más peligroso. Cierto que es difícil recorrer un camino si a cada paso hay que verificar que no vayamos a pisar una mina antipersona pero para eso está nuestra intuición y de ahí el símil del elefante.
El último post sobre esta cuestión ha resultado casi profético pero no por ello cejaré en mi empeño de buscar el equilibrio, sobre todo ahora que hay quienes se aprovechan de su potencial comunicador para propagar un sálvase quien pueda o, mejor dicho, un a tomar por saco con las renovables.
Es comprensible que al socavar la excusa promotora del auge de las energías renovables, nada nuevo, se sucumba a un rechazo instintivo de las mismas. Debemos vencer ese primitivo y falaz comportamiento social, madurar de una vez por todas para salir de esta adolescencia tecnológica y empezar de una puñetera vez a hacer las cosas porque debemos hacerlas, por el beneficio y la supervivencia de todos, abandonando el primitivo impulso del aquí y ahora que sólo puede llevarnos a morder el polvo una y otra vez.
« Machismo, hembrismo, feminismo y la R.A.E. El 11-S-2001: perspectiva 2002-2009 (Primera parte) »
